Que está la cosa calentica por esas latitudes. Tanto, que hasta obliga a uno a sentarse a escribir. Se harta uno de tanto perroflautismo mediático, la verdad. En todo lugar, puede verse, oírse o leerse lo mismo: «Los ataques de Hamás son una barbaridad, pero es que Israel ahora…». Pues si han sido una barbaridad, se merecen una respuesta bárbara. Israel, patria de los judíos (la única que tienen) está ubicado en un lugar del mapa donde la civilización pugna por mantener su presencia a duras penas. Su gente, los judíos, deben de sufrir en carne propia un estilo bárbaro de violencia, crudo, inhumano, y deben sufrirlo a perpetuidad. Por otro lado estamos los guays, los países «civilizados», con esa ética que nos caracteriza, con una moral de postureo inmaculada, y que ya no pide, sino que exige a Israel que la respuesta a esa barbarie sean flores, besos y abrazos. Todos, absolutamente todos, están centrados en contener la respuesta israelita a los ataques sufridos.
¿Alguien se preocupó antes de contener a los que comenzaron este episodio? Porque ya cansa el más de lo mismo. Siguiendo la deriva histórica del asunto cuesta poco ver que siempre, siempre, los jaleos los inicia Palestina. Todos los periodos de paz, largos o cortos, son reventados por ataques palestinos. Todos. ¿Para eso no hay «vigilantes»? ¿No hay moralistas?
¿Y dónde está el criterio periodístico?
Ayer sin ir más lejos, el Diario de Navarra en un análisis pretendidamente imparcial, demostraba claramente la tendencia dominante. En un desglose de cifras sobre número de habitantes, fallecidos etcétera, incluía por un lado el número de habitantes de Israel, y su número de bajas. Por otro lado, el número de habitantes de Gaza, su número de bajas….y el número de niños fallecidos.
Qué pasa, ¿Que los niños que mueren en Israel no merecen ser tenidos en cuenta? ¿Son menos niños? ¿Menos inocentes?
Que no hay titular del conflicto que no se decore con una imagen de uno o varios niños palestinos sufriendo la crudeza de la guerra, en contraposición con las imágenes de Israel cuajadas de tanques y armamento último modelo.
Como sociedad se está validando el que nadie pueda defender su propio hogar. Ni aquí, ni en Israel. Y no es así señores. Cada uno (nosotros, ellos) debe de tener garantizado el derecho a defender su vida y la de sus seres queridos. A defender su hogar con uñas y dientes si es preciso, y que todo aquel que pretenda violentarlo tenga bien claro que no será una acción sin consecuencias. La tontería se terminaría rápido así.
No deja de ser paradójico que los que, en un pasado no muy lejano, nos llamaban nazis a quienes exigíamos que en España los españoles deben tener prioridad ante quienes no lo son, sean ahora los que demuestren un antisemitismo atroz en su apología de un nuevo genocidio israelita. Genocidio que según el propio Ministerio de Interior puede sacudirnos de lleno, ya que como occidentales estamos sujetos a la condición de víctimas potenciales de cualquier fanático que decida liarla en nombre de la Guerra Santa.
¿Nos lo merecemos? ¿Se lo merecen los Israelíes?
Rogelio Taboada
Un pelín hasta los huevos
