Curiosidades de Navarra I

Este capítulo nuevamente está dedicado a vuestros comentarios en los diferentes lugares donde se publica ésta colección de artículos, a lo que hay que sumar los mensajes y llamadas recibidas sobre éste o aquél particular, pues si bien respondo a cualquiera ante cualquier duda que pueda solventar, de justicia es que sea de conocimiento general.

Buena parte de los soportes donde estos artículos se leen y comentan son de acceso restringido, quedando fuera del alcance del lector común, así que desde estas líneas intentaré suplir esa carencia en lo referente a lo detallado sobre las singularidades y curiosidades de nuestra historia.

Comenzaré por los “reproches”. Comentarios que, dentro del respeto y las buenas maneras -como debe ser- realizan indicaciones como por ejemplo si no veo muy arriesgado exponer que Arista fue pagano, y que durante su reinado Pamplona y su comarca se mantuvo fuera de la doctrina cristiana.

Ésta afirmación vino sola con el estudio de nuestra historia partiendo desde la base que nos arroja la documentación medieval. No existe un solo documento que justifique afirmar lo contrario, a no ser –cosa que ya se ha hecho- que le otorguen a Arista documentos pertenecientes a Enneco Ximénez, quien sí fue buen cristiano. Fuera de trabajos y publicaciones modernas, no hay ni un solo documento histórico que desmienta mi afirmación. Bien la contrario todos los documentos históricos que conozco pasan a ratificarla.

Y para muestra, uno de los últimos que he conocido a lo largo de esta investigación. Enviado por un lector por razones obvias, el documentos es un códice manuscrito realizado en Estella en el XVII, donde se da luz y veracidad a varias de las afirmaciones que podéis encontrar en esta saga histórica.

Documento a caballo entre la ilustración y el romanticismo, demuestra un peligroso inicio de malos modos con la inclusión de las derivas tolkenianas que nos han llevado hasta el jardín de la actualidad. No obstante –como siempre en estos casos- en lo referente al estudio y exposición de los casos cercanos, de los conocidos de primera mano para su comarca natural, se muestra tan exacto como contundente.

En uno de sus párrafos, en referencia a la Cruz de Villamayor que considero es la de Ainsa, podemos leer lo siguiente:

”A tres cuartos de legua de Irache está la inexpugnable fortaleza y castillo de Monjardín fortísimo, y en él aquella prodigiosa Cruz, que se apareció al Rey D. Garcí Jiménez primer Rey de Navarra, estando para dar la batalla a los Sarracenos, con una Señal venció como Constantino, no sólo éste valeroso príncipe navarro, pero los demás que se sucedieron en la Corona, entraban con ella en las batallas saliendo siempre vencedores; si bien en tiempo de D. Iñigo Arista, en aquellos muchos años no se tuvo noticia de ella, hasta que milagrosamente fue hallada en Monjardín, la cual estimaron tanto los reyes de que según consta de unas inscripciones que se hallan en este venturoso castillo, vencieron con ésta Cruz prodigiosa a los Moros”

Bueno, no creo que se hagan necesarias muchas explicaciones, ¿no?

Sabemos que Monjardín fue conquistado por Sancho Garcés I, quien llegó a esas tierra “desde su castillo más allá de Pamplona”. Está claro que tras la batalla de Ainsa ésta Cruz se mantuvo en manos jimenas a salvo en el castillo de Sos, donde Sancho tras encomendarse a Santa María del Perdón la portó hasta tierra de Yerri como emblema de su ejército, quedándose ya en esas tierras para siempre. Es un relato totalmente verosímil a tenor de lo que ya conocemos, siendo además reforzado por las disciplinas que estudian nuestro pasado. En el estudio que se realizó sobre ésta Cruz que en la actualidad se guarda y exhibe en Villamayor, se identifica la obra de orfebrería como perteneciente al siglo XII –en Navarra casi todo es datado en el XII por defecto-, reconociendo que la madera que hay en el interior, la verdadera estructura de la Cruz, es de un periodo bastante anterior que datan por aproximación en el reinado de Sancho Garcés I. Sobre el particular pueden encontrarse simpáticas teorías, como la que apunta a que Sancho estando a punto de atacar el castillo de Monjardín, mandó construirla a salto de mata con dos ramas de roble. Como si el verdadero Príncipe de la Cristiandad peninsular no tendría ya cruces hechas, para tener que ir haciéndolas sobre la marcha.

Éste documento justifica el uso que los sucesivos monarcas de Navarra dieron a la Cruz de Ainsa, avalando así su inclusión en las primeras monedas acuñadas en Navarra de las cuales ya vimos un par de ejemplos. Y también, cómo no, es otro de los que demuestra el paganismo de Arista, ya que es mencionado como el único monarca que no le dio uso. El único de nuestra historia que dejó de lado la Cruz.

Otro de los “reproches”, y muy común debo confesar, es el identificar a la comarca de la que saldrían tanto la Navarra original como el condado de Pamplona con una Galicia pre medieval. Pese a que expuse varios documentos como las cartas de San Eulogio, que nos identifican un Condado de la Galia de manera muy, muy clara, en el límite de las tierras de Pamplona con Sebúricos, sigue habiendo escepticismo sobre éste particular. Pese a que aún pervivan lugares como los detallados, Galar en Pamplona, Gallipienzo en la comarca de Sangüesa, la Galliguera en Huesca, que dan fe y tradición a esa realidad…pues aun como que cuesta.

Son más los documentos que hablan de esta Galicia. Pero muchos, muchos más. Que hablan de ella pero que también nos ayudan a ver el motivo de que ahora en la actualidad sea una realidad totalmente desconocida.

Como ejemplo pondré la crónica de Ahmad ibn Mamad al-Razi, donde en su descripción geográfica de la España previa a la conquista mora, llegando a las tierras de Zaragoza nos encontramos:

“Y Zaragoza yace sobre el río Ebro y el Ebro nace de la sierra de Mirol y entra en la mar. Y hay un río con que riegan muchas huertas en Galicia que tiene de nombre Galiton y es de tierras de Zaragoza”

Un río llamado Galiton, en tierras de Zaragoza, y que riega las huerta de Galicia. El porqué de que ésta realidad desaparezca, lo encontramos a pie de página en una nota de quien realizó la trascripción del texto, desde el pergamino original a la primera publicación donde ésta crónica vio la luz. La nota dice así:

“Galiton parece ser el Gállego, río que desemboca en el Ebro, no lejos de Zaragoza. Esta cláusula, pues, debiera leerse de este modo: «Et ha y un rio con que riegan muchas huertas que ha nombre Galiton, et es de tierra de Zaragoza.»”

Vemos cómo el nombre de Galicia es erradicado del texto. Texto que a partir de entonces y en todos los trabajos que tuviesen ésta edición como fuente primaria, excluiría el Galicia de todos los estudios posteriores.

Pero hay más, y de primer nivel. Documentos e inscripciones que no incluí por no sobrecargar capítulos ya de por sí complejos, dejándolos siempre en la recámara por si se hacía menester su uso, como por ejemplo aquí y ahora.

Inscripción encontrada en Tarraco, perteneciente al conjunto de inscripciones administrativas sobre el conuentus Tarraconensis y fechada a inicios del siglo II, que nos dice:

Cn(aeo) Pompeio / Cn(aei) fil(io) Gal(eria) / Pompaelonensi / IIvir(o) flam(ini) / p(rovinciae) H(ispaniae) c(iterioris)

Inscripción que en el recopilatorio publicado por el Gobierno de Navarra en 2008, tiene la traducción que sigue:

A Cneo Pompeyo, hijo de Cneo de la tribu Galeria, pamplonés, duoviro y sacerdote de la provincia Hispana Citerior”

Particularmente y aun dando por bueno ese Gal(eria) en lugar del lógico Gal(lia), textualmente veo ésta inscripción de la manera que sigue:

“Cneo Pompeyo hijo de Cneo, de la Galia Pamplonense duoviro sacerdote de la provincia de Hispania Citerior”

Valga la mía, valga la anterior, lo que sí está claro que éste pamplonés, era identificado por su filiación gala. Como original de la Galia (ó Galaria) peninsular. La posterior Galliciam.

¿Alguien se imagina qué hubiese sido de ésta inscripción si en lugar de poner Galia pusiera Vasconia????

La llevarían hasta tatuada en el cogote. Justo debajo de la lista de ciudades vasconas de Ptolomeo. Señores, esto es lo que hay. Pone Galia, y por tanto, no hay que darle mucha vidilla no la vayamos a liar.

Un suma y sigue de documentación en la que –siempre- he soportado mis estudios, afirmaciones y deducciones. Deducciones como la que me ayudó a ubicar a los cerretanos dentro de esta Galia, viendo en el modo musulmán sirtanyi el mismo origen que el seburitani medieval, y el subordán que ha llegado hasta nosotros para el río que da vida a esa comarca. Una parte de la Cerretania dentro de la primera Galia peninsular.

Aquí introduzco un comentario que la verdad tuvo su aquél. Un lector me preguntaba si tenía dudas sobre algún particular en referencia a lo ya expuesto. No tuve reparo en confesarle que sí. Las tengo. La mayor parte de ellas siempre como dependencia de traducciones ajenas. Bien de documentos en latín ó romance a los cuales no tengo acceso directo, o bien y sobre todo a las trascripciones realizadas de documentos musulmanes, de los cuales no entiendo ni el rayujo final.

De ahí me llegan grandes dudas, como por ejemplo en la descripción en la que se identifica a Iñigo Arista como asistente al concilio junto a Enneco al-Sirtani, ya que a Arista se le identifica en el nombre de Yannaqo ibn Wanniqo. Yannaqo, así tal cual, más identificaría en realidad al nombre de Galindo como gentilicio de Yilliqiya (Galicia), ya que Enneco en todos los textos (incluido éste) lo escriben con W inicial, no con Y. Variación que haría de Arista una figura ausente en éste concilio, sustituyéndolo directamente por el Galindo Enneconis que trajo las reliquias de San Zoilo a Navarra.

Dudas que considero razonables aun cuando todos los estudios y escritos apuntan en dirección contraria. Dudas que se ratifican en prácticas que considero vomitivas, y te obligan a no dar por sentado nada de lo que pueda publicarse en relación con nuestra Historia. Como lo es el caso siguiente. Puede encontrarse con facilidad la identificación que sigue, de:

Balask al-Yalasqi (Velasco el Gascón)”

Como está claro que ya no pueden traducirlo directamente como Vascón (lo han hecho, pero ya no cuela), a causa de que los vascones en las crónicas moras se identifican como Baskunsi según lo traducen… siempre con B inicial, éste al-Yalasqi les complica la cosa con su G-Y inicial, que apunta a una Galicia-Yilliqiya que no puede existir. Solución: le ponemos la G y decimos que es de Gascuña, aunque faltasen siglos aún para que Gascuña viese la primera G en su nombre. Atenta a la inteligencia, pero mantiene todo en manos de vascones y vasconas ante la borregada general. Punto.

Cualquiera les suelta que su Velasco el Vascón, era velasco por ser de un linaje descendiente de Contrebia Belaisca, la actual Botorrita (Zaragoza), y su nombre real fue Velasco el Gallego.

Les da un mal.

Ahora vamos con temas religiosos.

Iruña. Arrasando a día de hoy sigue ese artículo. Dudas razonables sobre la silla de Iruña, ya que habitualmente toda diócesis está vinculada a una silla física. A una catedral propia con obispo propio. Iruña, no fue así. Y no lo digo por capricho, sino en base a lo que puede demostrarse. La diócesis Iruniense no fue una diócesis natural de nuestra tierra. El intento por parte de Sancho el Mayor por restaurarla se debió única y exclusivamente a su clara intención de cristianizar a los vascones descendientes de vacceos. A restaurar la diócesis a la que sus antepasados pertenecieron en tierra vaccea.

Para encontrar la realidad sobre la desaparecida diócesis vaccea del V es inútil buscar estudios en nuestra tierra. Para ser conscientes de su realidad hay que trotarse los documentos pertenecientes a su Provincia original. A su primera Iglesia, eso es Bracara Augusta. Actualmente Braga, Portugal. Ésta cabeza provincial cuyo origen litiga entre la propia Bracara Augusta (Bracarense) y su vecina gallega Iria Flavia (Iriense) es la que tuvo bajo su control la primitiva diócesis Iruniense. Diócesis que comprendía geográficamente el territorio delimitado entre Urueña, León y Astorga.

Al igual que aquí tenemos a Sancho Garcés I y III como ejemplo de monarcas restauradores del culto, el Reino de León también los tiene, pudiendo encontrar en los documentos pertenecientes a Alfonso III (852-910) donde éste monarca inscribe del mismo modo su intención de recuperar las diócesis perdidas. Entre las que se describen en sus documentos, se encuentra la diócesis que identifican como “de Astorga y León, aunque antes tuviera otro nombre”. Territorio diocesano que dio sus jaleos a la hora de reinstaurar una diócesis nada clara, pues dada su antigüedad y sobre todo su prolongada situación sin culto dio pie a enquistados procesos judiciales, siendo reclamada por Salamanca, Braga, Mérida e incluso Compostela.

Una realidad que, además, es demostrable. Todos los estudios arqueológicos de las localidades existentes en ese tiempo, todos, demuestran un abandono poblacional justo a finales del IV, inicios del V. Todos. Abandono que según se muestra en las propias excavaciones tardaría siglos en superarse.

Otra realidad también demostrable como vimos es la asociación directa de los núcleos vacceos abandonados en el V con las poblaciones que ocuparon al otro lado de la cordillera de las que algunas a día de hoy forman parte de nuestra Navarra. Vimos Banca como su capital, Maya-Amaya en el Baztán como el centro de su territorio en la actual Navarra. Vimos a Santesteban identificada como Lerín defendiendo el paso norte de Velate. Su propio y primitivo nombre, Lerín, al igual que Leire nos lleva de la mano directamente a las legiones romanas que se acantonaron. Igual que Legasa.

Si visitamos el territorio de la primitiva diócesis, en tierras de Astorga y León, se ubicaba por entonces en tierras del actual Villasavariego otra de las legiones que fueron movilizadas para defender los pasos del Pirineo. Su nombre lo veréis como principal en la siguiente imagen:

Y así a ojo, creo que ahí está el motivo de que a Lanz, a nuestra población que cierra el paso de Velate por el sur, le haya florecido una t en el nombre. No vaya nadie a asociar nuestro Lanz con ésta otra Lancia. Faltaría.

Sólo con las localidades ya descritas, creo que cualquiera ve que son demasiadas casualidades para ser algo accidental, ¿no? A no ser que los vascones fuesen unos cachondos y pusieran esos nombres a sus ciudades sólo para confundirnos en la actualidad. Y de sus ríos, que bien cerca de Lancia pasaba el Esla, tan similar a nuestro Esca montañés.

La diócesis Iruñense se intentó reconstruir aquí, fuera de su territorio original, para cristianizar a los descendientes de los vacceos que llegaron al Pirineo. No precisó ni silla propia ni catedral pues desde su primer intento de restauración recayó toda la potestad en el Obispo de Pamplona. Directamente a él. A él le fueron encomendadas las potestades de consagrar los nuevos templos, de nombrar a clérigos y Obispos, y a la gestión directa de todos los bienes de los nuevos territorios adscritos a ésta nueva diócesis.

Puede verse cómo en un documento de ese tiempo que habla, por ejemplo, de una donación a San Miguel Excelsis, cómo se nombra al obispo como de Iruña. Sin embargo, en ese mismo tiempo, para una donación hecha en Sangüesa, o en Undués, o en Roda, el mismo obispo figura como de Pamplona. Un mismo obispo para dos diócesis diferentes, todas ellas siempre dentro de la Iglesia de Pamplona. Un mismo obispo para la Navarra original, y para las nuevas tierras reconolizadas.

El último coletazo de ésta diócesis podemos verlo el siglo pasado, ante la disolución de la diócesis vascongada, donde la alavense pasó a la Provincia de Burgos, mientras para Guipúzcoa se refundó la de San Sebastián dentro de Pamplona como herencia de la reconstituida diócesis del XI.

Pongo aquí fin a la primera parte, pues al acumular tanto comentario, llamadas y mensajes se ha hecho necesario detallar éste tipo de curiosidades de manera fragmentada. Entre eso y que me vengo arriba con los temas empezando a escribir, y a escribir…

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

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