De Navarra XIV- Íñigo Arista

Seguimos en el 778. Carlomagno, liberada Pamplona de los moros, pacta con los baztaneses y vuelve a Francia. Pero, ¿dejó desolada nuestra capital?

Obviamente la respuesta es no. Erradicados los moros de la ciudad, una guarnición se acantonó en ella, pudiendo dar constancia desde entonces de la existencia de vascones en Pamplona. No es posible discernir si los vascones que a partir de entonces poblaron Pamplona son los baztaneses con los que llegó a un acuerdo, o los vascones que militaban en su ejército.

Una Pamplona que intentaron reconquistar los moros en un par de ocasiones, pactando finalmente una federación entre vascones y moros tudelanos, los famosos Banu Qasi, rebeldes por entonces y enemigos declarados de los Omeya. Ésta familia fue una de las muchas que, desde el bando arriano, terminó siendo asimilada dentro del Islam.

Según puede desprenderse de la transcripción realizada a Ibd Hayyan, (traducciones de las que otro día hablaré) en el 798 los ciudadanos de Pamplona se alzan contra el Valí moro de la ciudad, el Banu Qasi Mutarrif ben Musa, quien resulta muerto. Aquí es donde entra el Velasco mencionado en capítulos anteriores, quien a partir de ese alzamiento gobierna Pamplona. Al menos durante un tiempo. Sobre éste Velasco poco se sabe. A ello se debe -al desconocimiento de su circunstancia- el que le salgan tantas flores como amores. Hay quien asegura que era vascón, de los vascos milenarios irredentos, hay quien dice que era gascón, dígase vascón de los originales aquitanos, hay castellanistas que afirman que era un tal Basiliscus, noble vasallo del rey de Asturias, hay quien asegura que era del Salazar, hay quien…

Por mi parte, lejos de atreverme a insinuar siquiera de dónde pudo ser éste noble pamplonés, me limitaré a aportar un dato por considerarlo relevante. En Botorrita, Zaragoza (de donde son los bronces) se encontraba la ciudad celtíbera de Contrebia Belaisca, viendo en el gentilicio de esta Belaisca el origen real del nomen Velasco.

A partir de ahí, como si me dicen que era de Motril, que a no ser que aparezca algún documento que explique su procedencia y origen, todo lo que pueda escribirse sobre él no pasa de conjetura e hipótesis.

En el 806 vemos cómo se describe desde el otro lado de los Pirineos la situación que se vivía en nuestra tierra:

In Hispania vero Navarri, et Pampilonenses qui superioribus annis ad Sarracenos defecerant in fidem recepti sunt”

“En Hispania los verdaderos Navarros, y los Pamplonenses que en años anteriores se separaron de los sarracenos, reciben nuestra confianza”

Con ésta cita podemos ver cómo Pamplona ya es un ente diferenciado a la Navarra original. Pamplona como condado de La Marca, tras amotinarse contra los Banu Qasi vuelve a merecer la confianza de los francos. Y por otro lado seguimos teniendo a los verdaderos navarros.

Con Velasco llegamos al 816 donde un gran ejército es reunido en Córdoba para intentar conquistar nuevamente Pamplona. Tras una batallas de trece días, donde murió el mejor y más famoso caballero de Pamplona y que ésta crónica identifica con el nombre de García López, los moros se retiran sin conseguir su victoria.

La cosa no debió de seguir muy boyante, porque en el año de 824 podemos ver que el ejército carolingio vuelve a Pamplona para afianzar su dominio, y reforzarla con tropas vasconas. Tal que así:

“Aeblus et Asinarius comites cum copiis Wasconum ad Pampilonam missi, cum peracto iam sibi iniuncto negotio”

“Los Condes Aeblus y Aznar con tropas Vasconas son enviados a Pamplona, para que ellos (los vascones) terminen de ocuparla”

Un nuevo contingente vascón refuerza Pamplona desde Aquitania consolidando su dominio. Imagino que erradicando de ella toda sombra Banu Qasi, dejando como menciona el texto únicamente vascones en la ciudad. Los condes mencionados regresan a Francia, siendo atacados…en Roncesvalles. Lo describe de la siguiente manera:

“reverterentur, in ipso Pirinei iugo perfidia montanorum in insidias deducti ac circumventi capti sunt, et copiae, quas secum habuere, pene usque ad internicionem deletae”

“regresan, en el mismo Pirineo donde se unen las pérfidas montañas, fueron emboscados, rodeando a las tropas que había junto a las peñas con intención de destruirlas”

Breve crónica de una Batalla en Roncesvalles, en el año de 824. Diez años después de la muerte de Carlomagno. Hay que destacar que, como ya vimos, ni en estos mismos annales, ni en los mettenses, se describe algo similar en la entrada de 778. Es curioso el dato.

Sigamos con Pamplona. Reforzada nuevamente con tropas vasconas, el paso siguiente es encontrar quién las dirija. Y eso, es algo que encontramos relativamente fácil. De nombre Enneco Enneconis, es conocido a día de hoy como Iñigo Arista.

¿Quién fue Iñigo Arista?

Para saber la realidad sobre su persona, volvemos a la Crónica Pinatense, que nos dice:

“No encontraban más valiente y avezado caballero como el noble varón, natural del condado de Bigorra, llamado Enneco, el cual era llegado a estas tierras para defender a los cristianos de las crueldades y terribles persecuciones de los moros; [.] Y por la gran nobleza de corazón y de armas que en él eran, las gentes de la tierra en acuerdo con Fortuño Ximénez conde de Aragón, eligieron al dicho Enneco como rey de Pamplona”

Épicas aparte, creo que los datos relevantes son claros. Llegó a ésta tierra como refuerzo tal y como hemos visto detallado en los annales francos. Era natural de Bigorra, en Aquitania, y las gentes de la tierra, los de aquí, gracias al ejército que trajo lo eligieron como “rey” de Pamplona.

Un detalle muy relevante en esta elección, y que se muestra muy claro; dicha elección se realizó con el consentimiento de la casa Jimena. Los verdaderos navarros del 806. Vemos cómo menciona a Fortuño Ximénez, uno de los hijos de Jimeno “el fuerte” y que en este documento es identificado como Conde de Aragón.

Aquí comienza el “reinado” de Iñigo Arista, el Rey de Pamplona preferido por los rehistoriadores a la carta, ya que en varias referencias es identificado como “vascón”, con lo que se muestra idóneo para mantener sus delirios rehistoriadores.

No hay motivo para tal ensalzamiento, pues atendiendo a la historia real y documentada, yo mismo no tengo ningún reparo en afirmar también ese punto: Iñigo Arista, era vascón. De Bigorra para ser exacto. Llegó aquí en calidad de Conde vascón, y como Conde de la Marca se mantuvo. Eso ni lo hace natural de Pamplona ni, menos aun, demuestra absolutamente nada sobre la vasconidad de los oriundos de Pamplona.

Por si hay alguien que duda de que este Ennego sea Arista, volvemos a la crónica pinatense que seguro nos despejará esa duda:

“Y era tan movido y encorajado de batallar continuamente con los moros que apenas estaba un día seguro. Y por eso le pusieron el sobrenombre de Arista, porque así como la arista doblada cerca del fuego en un momento se quema, así el dicho rey don Enneco, sabiendo que los moros querían batallar con él, en un momento estaba con ellos; así desde entonces llevó el nombre de Enneco Arista”

Poca duda, ¿no?

Sobre su periodo al mando de la ciudad de Pompeyo, pues decir que la mantuvo sin sede episcopal, que como buen vascón aquitano tardó poco en revelarse declarándose independiente al estamento franco, que tan pronto se aliaba con los moros como los combatía, y que dejó para la posteridad descripciones como la siguiente, donde Ibn al-Xarrat al Isbili nos describe la Navarra en tiempos de Arista, cuando nos dice que (sigo a Molina):

“Tudela es una de las poblaciones de al-Andalus. Entre ella y Zaragoza hay cincuenta millas; Tudela se encuentra frente por frente a los politeístas que pueblan la ciudad de Pamplona y son llamados vascones, porque su lengua vascona es distinta a la lengua de los gallegos”

Para encontrar una explicación de ésta mención a la lengua gallega, no hace falta irse hasta la compostelana. Volvemos nuevamente a nuestra Galliciam, siendo en éste tiempo una comarca claramente identificada bajo esta nominación. Pondré como ejemplo la alusión que a ella hacen los mismos annales francos, en el año de 809:

“Aureolus comes qui in commercio Hispaniae atque Galliae trans Pirineum contra Oscam et Caesaraugustam residebat defunctus est”

“Conde Aureolus, que en el condado Hispano de la Galia, al otro lado del Pirineo contra Huesca y Zaragoza habita, ha muerto”

Cita que puede completarse con otra cita, esta vez incluida en la carta de San Eulogio de Córdoba, que a su paso por nuestra tierra nos dejó una referencia muy específica de la Gallia Comata con su límite en el valle de Hecho.

Cabe destacar sobre la epístola de este Santo, que fue redactada en el 851, año de la muerte de Arista, pero relatando el viaje que realizó tres años antes, en el 848. En la misma puede encontrarse sólo una referencia a Pamplona ciudad, y es la siguiente:

“quo ego Cordubae positus sub impio Arabum gemam imperio uos autem Pampilona locati Xpicolae principis tueri meremini dominio qui semper inter se utrique graui conflictu certantes liberum commeantibus transitum negant”

“que yo estando en Córdoba me lamento bajo el impío dominio de los árabes, pero vosotros en la localidad de Pamplona merecéis un príncipe que sirva a Cristo que os proteja, que siempre están entre los dos luchando en graves combates negando el libre tránsito”

Como digo, en toda la carta la única alusión directa a la ciudad de Pamplona es la que podéis leer. Para desearle un príncipe (que no rey) que sirva a Cristo, pues el que hay –según explica en su carta- impide el tránsito de peregrinos por sus tierras.

Con la mención a los dos que están luchando siempre…¿a quién se referirá?

Está claro que uno de ellos es Arista, al que aun le quedaban tres años de vida, pero ¿Quién es el otro?

Pues ni más ni menos que otro Enneco, al que encontramos debidamente identificado en la documentación medieval que tenemos la suerte de conservar. En el Becerro Antiguo de Leyre, encontramos un documento que, con fecha de 842, recoge la donación que realiza un soberano a nuestro monasterio legionario. Y lo describe de la manera siguiente:

“Hoc est testamentum donationis quod ego Enneco cum episcopo domino Gulgesendo facio in honorem Sancti Saluatoris et sanctarum uirginum Nunilonis et Elodie. Ego namque Enneco nutu Dei rex filius Simeonis

“Éste es el testamento de donación que yo Enneco con el obispo Gulgesendo hago en honor a San Salvador y a las Santas Vírgenes Nunilon y Alodia. Yo en efecto Enneco por señal de Dios rey hijo de Jimeno

Dona las villas de Yesa y Benasa, entre otras piezas menores. Enneco Jiménez. Hijo de Jimeno “el fuerte” y hermano del anterior Fortuño Ximénez, Conde de Aragón. Vemos que se identifica claramente como rey, e hijo de Jimeno. En el 842. En pleno apogeo del mandato Arista.

Ésta donación la realiza a Wilesindo, el por entonces Obispo de Pamplona, quien residía en un Leyre que era sede episcopal. Es el mismo obispo que atendió a San Eulogio a su paso por nuestra tierra, y quien años después recibiría su carta. Una carta que demuestra que el feudo Jimeno –desde Loiti hasta el Valle de Hecho por entonces- era un territorio libre por el que sí podía desplazarse el Santo, y del que describe con todo lujo de detalles todos los monasterios que sí pudo visitar. Todos ellos, repito, en territorio Jimeno. De igual modo todas las piezas, villas y rentas que dona, están en territorio Jimeno.Y después está Pamplona, en manos de Arista, sin una iglesia cristiana, politeísta, y que impedía el libre tránsito de los peregrinos.

Puede que describir la realidad anime a la talibanada jurru a seguir mitificando la figura de Arista, pues amén de ser vascón también se presenta como anticlerical, lo cual no dudo que les molará más aun, pero qué le voy a hacer si la realidad es la que es.

Para el siguiente capítulo comenzaré retrocediendo a la Pamplona de 732 y su pérdida ante los moros, ya que éste episodio puso fin a una larga migración iniciada en 711, y cuyo desenlace daría inicio al auge de la ciudad más mejor del mundo mundial:

Sangüesa.

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

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