De Navarra XV- Sangüesa

En ésta hermosa Navarra, tierra ideal donde nací, hay una perla guardada…a cal y canto. Para conocer la realidad de Sangüesa como ya anuncié, tenemos que regresar a la Pamplona de 732. La ciudad de Pompeyo resistió los primeros envites musulmanes, haciendo de sus gentes cuerpo, corazón y espíritu, sabiendo mantenerse intacta.

Como ya vimos en episodios anteriores, muchas de las ciudades del resto de Hispania corrieron una suerte muy diferente, al ser rendidas por intereses de diferente índole. Pero no sólo Hispania sufrió éste proceso. Todo el norte de África y sus diferentes provincias romanas sufrieron en carne propia el avance del Islám, que, desde la península arábiga se desplazaba de este a oeste arrasando con los restos del antiguo imperio. Atendiendo a las crónicas existentes hay que destacar la heroica resistencia de muchas de estas ciudades, como Barca o Bugia, rendidas finalmente terminando por asolar la provincia Mauritania Tingitana, encontrándose las puertas abiertas para invadir Hispania.

Este avance militar fue precedido por otro movimiento muy singular, paralelo a las conquistas, y totalmente desconocido para el gran público: la migración de las Reliquias cristianas. Las comunidades religiosas viéndose perdidas ante el avance de una religión que arrasaba con todo lo establecido, comenzaron una lenta pero imparable peregrinación, huyendo del avance moro. A las puertas de perderse el último reducto africano, un enorme volumen de estas sagradas joyas penetró en la península, siendo bien recibidas y acumuladas en un primer momento en la Toledo visigoda.

Entrados los moros en la península, éstas reliquias volvieron a verse en los caminos, buscando un norte libre de invasores. Gran parte de ellas terminaron amparadas en las montañas de Asturias, en un pequeño monasterio aislado en lo profundo del bosque. Bosque conocido como O Vetato, indicativo de un pasado sagrado dentro de los cultos paganos anteriores a la cristianización, similar al Betato de Tramacastilla de Tena.

Décadas después de su llegada, y limpia Asturias de presencia mora, se inició la construcción de un nuevo santuario acorde con el tesoro que salvaguardaba, dando con ello inicio a la fundación de Oviedo, donde su catedral fue conocida en origen como Sancta Ovetenesis.

Todo éste desarrollo, aclaro que pertenece al estudio particular de este que os escribe, y que expongo como consecuencia de la investigación que realicé sobre la migración de las reliquias una vez llegaron los moros a Hispania. Si bien la mayor parte de los datos podéis confirmarlos en las diferentes fuentes clásicas, aun desconociendo los datos restantes es algo que cualquiera que tenga interés puede confirmar si dedica un mínimo de tiempo a esta cuestión.

Sí que son de sobra conocidas las Santas Reliquias que todavía se conservan en la Catedral de Oviedo, teniéndose como el mayor cúmulo de ellas en toda España. No dudo que una vez confirmada la cronología de mi estudio, habrá quien reconozca la realidad descrita, e incluso se felicite de conocerla.

Pero no es algo único ni para Asturias, ni para Oviedo como núcleo sagrado. Exactamente lo mismo ocurrió aquí en Navarra, y por mucho que se demuestre su realidad, como que cuesta más que se reconozca, pues hay mucho, pero mucho interés en que siga permaneciendo en el olvido. Algo que por supuesto intentaré evitar por todos los medios a mi alcance.

El segundo núcleo cristiano en recibir ésta marea santa fue la Pamplona anterior a 732. El conocimiento de ésta circunstancia es uno de los que me ayudaron a datar de manera tan exacta De laude Pampilone epistola, de la que extraigo ahora una frase que resulta muy relevante para éste capítulo:

«A esta ciudad Dios, por su misericordia, concedió el tesoro de las reliquias de innumerables mártires”

Frase que pasa desapercibida para quien desconoce la realidad de las reliquias, pero que resulta un indicativo muy revelador para los que sí la conocemos. Con esta frase el autor demuestra que la Pamplona libre al igual que el monasterio asturiano fue receptora de tal número de reliquias –incluso mayor que el asturiano-, que obligó a su mención en esta laude como una de las forzosas descripciones que identificaban a la ciudad. Un motivo más de orgullo. Si bien todos los núcleos cristianos de la península tenían a gloria particular las reliquias de sus propios Mártires, fielmente identificados y con sus correspondientes cultos, ésta clara y ambigua alusión a innumerables mártires es totalmente inusual y se debe únicamente al gran cúmulo recibido tras la conquista sarracena.

Pero como ya sabemos Pamplona se perdió ante los moros en el 732. ¿Se perdieron también las reliquias?

No. En previsión de la caída de Pamplona, un grupo de clérigos y ciudadanos de la Pamplona libre, se erigieron como custodios de las reliquias y comenzaron su última peregrinación. Con una cuenca pamplonesa tomada por el gran ejército de al-Gafiqi, éstos últimos custodios dirigieron su caminar al único núcleo que sabían a salvo de los conquistadores: la Navarra de los Jimeno.

Comenzaron un lento pero imparable peregrinar intentando acceder a la libertad por el noreste pamplonés, siendo un caminar tan duro y en el que no dudo se verían obligados a defenderse en multitud de ocasiones, que terminó por dar nombre al corredor por el que se dirigieron al interior de la Navarra libre. Esta larga marcha, o longa ida, es la que señalo como origen del nombre que en la actualidad identifica a la comarca de Lónguida. Comarca que une el noreste pamplonés con el romanzado.

Llegados a mi tierra, hicieron exactamente lo mismo que he descrito anteriormente para las reliquias llegadas a Asturias. Buscaron un templo de difícil acceso y en él las cobijaron. Templo de pequeñas dimensiones, albergaría por un tiempo las sagradas reliquias, trasladándolas posteriormente al interior del pequeño núcleo fortificado que daría origen final a mi ciudad: Sangüesa.

Éstos avatares son descritos al dedillo en la crónica pinatense, si bien el cronista en su refrito documental adjudica las acciones descritas al propio monasterio de San Juan de la Peña. Cosa que como vamos a ver, es algo erróneo. La confusión es más que lógica puesto que el compartir una misma advocación, compartir un mismo nombre, y lo temprano del suceso, hace que la confusión esté más que justificada en este maremagnum de referencias intercaladas. El texto es el siguiente:

“Fueron 300 los cristianos resguardados en las tierras de Aragón (del Aragón), que se sepa, en un monte llamado Oroel cerca de la ciudad de Jaca, y después poblaron una tierra cercana que es llamada Paño, que hoy es San Juan de la Peña, y aquí comenzaron a hacer grandes fortalezas de castillos, de muros y murallas, para poder defenderse de los enemigos de la fe cristiana”

No creo que nadie con dos dedos de frente defienda que en San Juan de la Peña hubo castillos, en plural, muros y murallas medievales. Por lo menos cualquiera con dos dedos de frente que conozca el lugar.

Ésta crónica hace referencia a los custodios pamploneses en su llegada a mi tierra. A tierras del Aragón. En un primer momento, resguardaron las reliquias en un pequeño templo heredado de Roma, que, ubicado en altura y perdido en las estribaciones del monte de Peña, se declaraba como idóneo para una fácil defensa. Aclarando coincidencias, diré que tanto este monte como su iglesia, son llamados así, de Peña (penna, pinna etc) mucho antes de que existiese ningún monasterio católico en el hoy San Juan aragonés.

Tras resguardarse en Peña, el paso siguiente fue terminar de fortificar el llano junto al puente romano que cruzaba el Aragón. Se levantaron castillos (uno al norte y dos al sur), se construyeron las primeras murallas, y se dio comienzo a una Sangüesa que sin interferencias supo llegar libre y cristiana hasta la actualidad.

Hago aquí un paréntesis para incluir una nota relevante. En la actualidad, de manera oficial sigue manteniéndose que Sangüesa se fundó en el siglo XII, aunque ya no se lo creen ni quienes lo reafirman. Sangüesa siempre ha arrojado restos romanos y altomedievales. Objetos que siempre han sido declarados como ajenos a la localidad, y supuestamente desplazados a ella desde las inmediaciones. La diosa Diana que exhibe el Museo de Navarra es uno de ellos. Así mientras tanto, a día de hoy sigue arrojándose a la escombrera todo nuestro legado subterráneo.

Hace unos años, en una obra de carácter público que contaba con toda la documentación pertinente para su ejecución, pese a que los entendidos aseguraban que en el solar a tratar no había más que escombros, a las primeras paladas comenzaron a verse multitud de huesos, losas, mampuesto…y sin que dejaran sacarlas del dúmper por nada del mundo, a ver “que hacen metiendo las narices en…”

Gracias a una llamada particular, esa misma tarde se presentó un arqueólogo enviado por Príncipe de Viana, parando de inmediato la obra. Resultado: una necrópolis de varios niveles de enterramientos, estando los inferiores orientados de norte a sur. Como en tiempo de Roma. Pese a ello…silencio. Avanzando en los trabajos, aparecieron las primeras cerámicas romanas. Que “las trajo el río en una de las muchas riadas, que la cerámica es algo que se descontextualiza muy fácil”. Finalmente, bajo las cerámicas…un lienzo de pavimento romano. Una porción de calle, construida con redondeadas piedras, similar a las que podéis ver en cualquier vía romana. Y eso ya…eso ya es imposible de afirmar que está descontextualizado, o de que lo han traído de otro lugar. Hallazgos que se suman a las sepulturas visigodas (por citar sólo un caso) excavadas frente a la iglesia de Santiago, con cabeceras entalladas con perfectas herraduras, y que, pese a mantener aun el esqueleto intacto dentro declarándose originales y perfectamente contextualizadas, fueron arrojadas igualmente al contenedor, donde la acción de varios vecinos que supieron rescatarlas fue lo único que evitó el perderlas para siempre.

He creído necesario exponer ésta realidad para evitar en lo posible las ya aburridas reclamaciones de “que Sangüesa se fundó en el XII, listo” .

Sigamos con las Reliquias. Creado el primer perímetro amurallado de los dos que finalmente tendría el núcleo original, se fortificó uno de los dos pequeños templos que persistían de la antigua población romana. Ubicado en un pequeño altozano sobre la terraza, su condición como Santuario de Reliquias le daría nombre tanto a él como a la refundada población.

Del mismo modo que la primera Oviedo fue conocida como Sancta Ovetenesis, mi ciudad encontró varias denominaciones, siendo siempre dependiente del idioma empleado en la redacción del documento. Algo que en Asturias no se dio fue la gran intrusión lingüística que aquí vino con los refuerzos de la reconquista, siendo portadores de lenguas como la de Septimania y su lengua de Oc, que alterarían la evolución del latín local de manera diferente al resto de Hispania.

El santuario en cuestión tomó el nombre de las reliquias. De sus huesos. Ossa. Lo encontramos como Arrossa, Arrosam, Rosa, y el santuario de la reliquia de San Juan, sin duda por ser la más notable de todas las recibidas. Avanzando en la edad media su nombre se reconoció finalmente como Monasterio de San Juan de Rosa.

Del mismo modo la ciudad tomó el nombre de los Huesos de Santos: Sanctorum Ossa. Ésta fue una de mis primeras grandes alegrías como investigador de nuestro pasado, y todo a causa de un hallazgo accidental. Metido de lleno en mi primer libro, dedicado a la iglesia de Santiago de Sangüesa, como todo en ella -su estructura, sus marcas de cantero, su resultado final- me llevaban a una cronología que por entonces parecía imposible, me metí de lleno en lo que fue mi primer archivo histórico. El parroquial. En él encontré un códice de 1798, elaborado por un notable sangüesino, patrono lego de Santa María y que ejerció en varias ocasiones como anfitrión de los obispos de diferentes diócesis que tenían a bien visitar nuestra ciudad. D. Juan Francisco Barásoain. Éste respetable vecino debió de ser el más notable intelectual de la Sangüesa de su tiempo, ya que le fue encomendada a su persona responder al real requerimiento realizado por el Geógrafo de los dominios de su Majestad, D. Tomás López de Vargas y Machuca, para la confección de su nuevo Diccionario Geográfico de España.

A D.Juan Francisco le tengo como el primer sangüesino luchador contra la “historia a la carta”, pues ya en su trabajo de 1798 y hablando sobre el nombre romano de Sangüesa, nos dejó escrito que:

Mela y Ludovico Pio en su itinerario (la llamaron) Iturissa, citados por Alejandro Oyhenarto, en su obra intitulada, “noticias itriusque vasconie”, pero no son muy bien recibidas por la crítica estas historietas

En resumen, que algo ya tenía estudiado este hombre, y no le toreaba cualquiera en lo referente a la historia de su ciudad. En su códice, en una de las descripciones históricas que describen mi ciudad, encontré la siguiente frase:

“Hoy se llama Sanguessa, que quiere decir Sanctorum Ossa, sin duda por las muchas reliquias y huesos de Santos de que es depositaria”

Y aquí, se me abrió el cielo. Exultante, nervioso, sonriente, acojonao…no sabía cómo capear ésta frase, pues su resultado se escribió solo delante de mi: Sanctorum Ossa, Sancto Ossa, Sancossa, Sangüesa. Tan claro lo tenía, que hasta dudé de que fuese verdad. Para asegurarme de que era algo real y no fruto de mi entusiasmo, envié la frase a varios latinistas, esperando su dictamen. No tardaron, y corroboraron la deriva de principio a fin.

Y ahí, con el origen del nombre de mi ciudad plenamente confirmado, me entró la mala leche. ¿Por qué nadie más ha visto esto?

Es una realidad que este códice ya había pasado antes por varias manos. Incluso había sido trascrito, supuestamente al completo. Pero la referencia a los huesos de los Santos, imposible de encontrarla por ningún lado. Historiadores de renombre lo conocían, diciendo que éste códice no era más que un compendio que no hay que tomar en serio, que se debe al folclore, e incluso quien afirma que raya lo pueril. Historiadores, todos ellos, que después emplean de éste códice hasta sus comas en sus trabajos sobre Sangüesa, ya que la obra de Barásoain es la más completa y veraz de las que existen sobre la Sangüesa de la antigüedad.

Sumas dos y dos, y lo ves claro. A mediados de los ochenta, con la fiebre -debidamente subvencionada- de los “estudios” sobre nuestra toponimia, Sangüesa es una de las poblaciones de Navarra que se encontró, de un día para otro, con un nuevo nombre de carácter euskérico. Mirando el origen de éste nuevo nombre, puede verse (podía verse, mejor dicho) que el autor del invento lo justificaba en dos testimonios orales, que supuestamente recogió a dos pastores del Roncal, sin dar cuenta de quiénes eran dichos pastores.

En cuatro días y con el beneplácito de las autoridades navarras de por entonces, pasó a ser nombre cooficial de mi ciudad, y hasta hoy. Pues bien, estos huesos de Santos, mandaban directamente al carajo tanto el nuevo invento, como su inexplicablemente admitida justificación, ya que de ninguna de las maneras desde el estudio lingüístico puede justificarse un final euskérico como el que muestran, desde un Sanctorum Ossa original. Así pues, historiadores e historietistas, a suprimir de todo texto la referencia a nuestros huesos de Santo. Ahí fue cuando tomé conciencia de lo vital que resulta estudiar la documentación histórica desde los originales siempre que se pueda, evitando las intervenciones de terceras personas, ya que en este caso, de no haber visitado el códice original, seguiríamos sin conocer tanto el origen de nuestro nombre, como la propia migración de las Santas Reliquias.

Reliquias de las que en la actualidad Sangüesa aun conserva casi un millar, pese a que durante siglos las ha ido repartiendo por toda la península. Hay que destacar una arqueta que como todo indicativo muestra una inscripción de: Mártires Romanos. La iglesia visigoda de Napal de la que ya escribí, la única reliquia que conserva en la actualidad es una muy pequeña reliquia de San Fermín. Una pluma de Arcángel, barro con el que Dios dio forma a Adán, son descritas como reliquias conservadas en éste templo a lo largo de los siglos, y que son enumeradas y señaladas busques donde busques. La última de ellas, del soldado San Román, ha partido este mismo agosto rumbo al Cabo San Román, en la diócesis de Punto Fijo, Venezuela.

La muy famosa arqueta de Leyre, sin ir más lejos, fue protagonista de un episodio singular, pues fue requerida junto con las reliquias que conservaba en su interior, por un municipio aragonés que se decía con derecho a su posesión. Autoridades del templo, Alcalde, concejales, y toda una ciudadanía enfurecida, escoltaron a los aragoneses hasta el linde municipal, cuando le fueron entregadas dichas reliquias. Sin atender a sus quejas y reproches, aclaro, pues los maños se mostraron totalmente contrariados cuando el párroco, con muy buen criterio, antes de entregarlas las extrajo de la arqueta y las introdujo en un recipiente de valor notablemente inferior. Como habían asegurado que su interés únicamente era por las reliquias, el párroco les tomó la palabra, sabiendo salvaguardar para la Navarra de hoy uno de sus emblemas medievales, que de otro modo se exhibiría en Aragón, si hubiera llegado a conservarse.

El antiguo Monasterio de San Juan de Rosa, o lo que queda de él, puede visitarse hoy bajo el nombre de Iglesia de Santiago. Su propio barrio, el barrio de Santiago, fue el último en tomar la jacobea nominación, ya que aun en el siglo XIII podemos encontrar escrituras que lo identifican como Barrio de San Juan San Señor.

Una Historia real para una Sangüesa real y documentada, de la que veremos en posteriores capítulos su cara más guerrera como cuna de Reyes, motor de la reconquista, y cabeza de la Cristiandad.

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

Comentarios

comentarios

Publicado por

Admin