El fenómeno Podemos y su descenso del cielo a la tierra

Todos hemos observado que la crisis económica de los últimos años ha provocado movimientos sociales que pretenden instaurar nuevos modelos políticos, de ahí que el fenómeno Podemos se haya consolidado en este abanico. No obstante, nadie sospechaba que hubiese irrumpido en la escena española con unos brillantes resultados en las primeras elecciones europeas, nacionales y autonómicas que se presentaron.

Para más abundamiento, en la encuesta del CIS, se colocaba como la tercera fuerza política, favorecida por sectores más progresistas, por desempleados y por personas entre 18 y 54 años, con una media del 16% en intención de voto. Este tsunami político perjudicó, sobre todo, a IU, que le arrebató el 27,8%; a Ciudadanos y PSOE el 16%, incluso al PP con el 3% del electorado. En Cataluña se colocó en el segundo y tercer puesto en generales y autonómicas respectivamente, detrás de ERC y CIU.

¿Cuál pudo ser la causa de este atractivo? El estar un día sí y otro también en prensa, radio y tv. Además fue un fenómeno de moda avalado por los descontentos del 15M y por las consecuencias que trajo la crisis económica empobreciendo a muchas familias, por la insensibilidad y alejamiento de los dirigentes hacia los problemas ciudadanos y, sobre todo, por la impotencia de los gobiernos de dar estabilidad y calidad de vida a los vecinos. Sin olvidar los brotes verdes de Zapatero que no llegaban, la bajada de los salarios, la precariedad del empleo y la incapacidad de la izquierda socialista de ofrecer una alternativa. Esta amalgama de deficiencias sirvió a Podemos para “sacar pecho” e instalarse en el nicho que habían dejado el resto de grupos políticos.

Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, profesores de Ciencias Políticas, aprovecharon su presencia en todas las redes sociales, en las tertulias, en las clases de la universidad y en el espacio Tele K para transmitir otras ideas más afines y actuales con una sociedad muy harta de la corrupción y del bipartidismo. Un caldo de cultivo propicio para sembrar y favorecer una ilusión y otra forma de hacer política. Atrás quedaban las palabras del presidente A. Lincolnla democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Muchas están siendo ahora las voces contrarias a Pablo Iglesias, incluso del propio grupo, por su ego al colocar como logotipo su rostro y convertirse en jefe presidencialista, debido a que es más popular que las propias siglas. Si hay algo que ha aglutinado a todos los políticos ha sido la unanimidad en enviar misiles a Iglesias: del PP, de Ciudadanos, guiños y bofetadas del PSOE. Han sido frecuentes dardos y ataques de muchos frentes: demagogo, populista, manipulador, friki radical, falso seductor y encantador de serpientes.

Sin embargo, ¿qué hay en la trastienda de Podemos? ¿Cuál es su lado oculto? El poner como modelo a la Venezuela de Maduro y al castrismo de Cuba es sólo un medio para conseguir, además, otros fines. Incluso se apreció cierta similitud con el cómico y político italiano, Beppe Grillo; su blog es visitado diariamente por más de 160 mil personas y con su nomenclatura “5 estrellas” obtuvo en las elecciones del 2013, 108 diputados y 54 senadores con críticas mordaces a la actual sociedad corrupta y capitalista de Italia.

Es más, Podemos cuestiona y duda de la democracia actual por haber nacido de la Transición contaminada de franquismo y desean su rápida revisión para erradicar el vigente sistema político, basado en el bipartidismo. Su punto de partida es el movimiento de los asalariados, ya que la actual izquierda no ha sabido agrupar a los descontentos e iniciar “la revolución”, es decir, cambiar el poder de la burguesía por la clase obrera, pero, eso sí, prescindiendo de los sindicatos.

¿De qué modo se inició “la revolución”? No deseaban tomar la calle, sino una revolución obrera, al estilo de la izquierda de la primera mitad del siglo pasado. Debía nacer de los sectores sociales más desfavorecidos que arrastrasen al resto para imponer unas transformaciones sociales, económicas y políticas.

¿Cuáles son sus puntos a debatir? En primer lugar una “revolución” no se inicia presentándose a las elecciones, porque se colocan al mismo nivel que el resto de partidos. Las “castas” que ellos rechazan se han instalado en su propia casa con sueldos elevados en Bruselas, en Madrid y en los parlamentos autonómicos. Segundo, deben captar a los no militantes y al mayor número del hartazgo popular. Sin embargo, la incipiente recuperación económica de Rajoy y la nueva imagen del socialista Pedro Sánchez pudieron desbaratar el ascenso. Tercero, ¿cómo es posible en este mundo económico globalizado salir del euro y abandonar la Unión Europea y la política del expresidente Obama? Cuarto, ¿de qué manera se forma un caldo de cultivo en las masas obreras con la fuerza suficiente para hacer el cambio? Era necesaria una estructura sólida que Podemos no la tuvo. Quinto, ¿sería capaz de catalizar el malestar social con la actual división e impotencia de la izquierda? Sexto, no son buenos compañeros de viaje los guiños a los abertzales de herriko tabernas y Herrira, la no condena de los asesinatos de ETA y sus simpatías por los regímenes de Venezuela, Cuba e Irán.

Para finalizar, queramos o no, Podemos es una realidad, creando una ilusión popular y obteniendo éxitos en Europa y en España. Fue un proyecto en bruto y no ha sido capaz de pulirlo, ya que pretendían dar una nueva orientación al sistema político. Su clave para llegar al poder ha sido y es desestabilizar la nación con la independencia de Cataluña y el País Vasco, amordazar a la prensa e implantar una falsa democracia con un régimen autoritario y populista al estilo de Chávez, Maduro y Lenin.

Ahora bien, el pueblo es soberano y Podemos mucho tendrá que trabajar para encajar en esta sociedad democrática consolidada, con errores, pero con muchos más aciertos. En estos momentos se está desmoronando con los fracasos en las elecciones de Cataluña, en Navarra existen dos Podemos, de Santos y de Laura y en el resto de autonomías no consiguen dar el salto definitivo a la poltrona.

Reflexivas son las palabras del escritor británico Chesterton: “No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución”.

 

Luis Landa El Busto

Licenciado en Ciencias Humanas y profesor

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