De Navarra XXII- Sancho (parte 4ª)

Sancho Garcés de Navarra, casado con Toda Aznárez. Padres de García Sánchez, heredero de la corona, y un largo listado de hijas casaderas que marcarían desde entonces la genealogía de la monarquía europea, ya que todo monarca que quisiera preciarse de tener algún prestigio dentro de la cristiandad, estaba obligado a enlazarse con la célebre dinastía jimena.

Fallecido nuestro regio soberano, pasó a ser sepultado con merecidos honores. Como ya vimos, el códice rotense nos indica su lugar de reposo eterno:

Sepultus sancti Stefani portico regnat cum Xpo in polo.”

“Sepultado en el pórtico de San Esteban reina con Cristo en el cielo”

Dentro de los primeros estudios serios sobre nuestra historia, se encuentran los realizados por el padre José Moret. Distinguido como primer Cronista de Navarra, se empleó en cuerpo y alma en el estudio de la historia de nuestra tierra, en base a los documentos que pudo consultar, y a las ubicaciones, templos y localidades que visitó. Si bien su trabajo adolece en la actualidad casi de tantos remiendos como afirmaciones realiza, ya que se ha demostrado muy “peregrino” en determinadas ocasiones, marcó un claro inicio para la historiografía de Navarra y sus avatares medievales.

Aun se tienen en consideración gran parte de sus afirmaciones, aunque las pruebas físicas y tangibles las desmientan continuamente. Realizando su trabajo en el XVIII, lo reviste con frecuencia con el romanticismo típico de su era, donde suple la falta de documentación con deducciones más o menos acertadas, siendo el producto de su imaginación deductiva lo que marcaría el grado de acierto. No es nada de lo que se le pueda culpar, pues si bien como digo era lo típico de su tiempo, hay que contar con las limitaciones propias de esos años, donde los recursos accesibles tenían únicamente carácter local, y la base desde la que recrear toda una era partía en muchas ocasiones desde cero.

Sobre su estudio particular en lo referente a la sepultura de Sancho Garcés, encontró en uno de sus lugares conquistados una losa de mármol que describía que Sancho, realizaba todas sus conquistas en honor a Dios y a la Virgen María. Señalando desde entonces ésta losa como lápida sepulcral, y códice rotense en mano, marcó el fuerte de Monjardín como lugar de reposo de Sancho Garcés I. A día de hoy podéis comprobar cómo aun se tiene por cierta esa ubicación.

¿Realmente está ahí enterrado nuestro soberano?

La respuesta a esta pregunta llegó sola en el estudio que realicé sobre la realidad histórica del castillo de Sos del Rey Católico. Complejo que ya sabemos religioso y militar, en la alta edad media contaba únicamente con el castillo y sus dos iglesias. La edificada sobre el templo romano de San Feliciano, y que bajo la advocación a San Esteban sabría llegar hasta nosotros, y la construida bajo sus cimientos en honor a la Virgen María y que hoy cumple su función como cripta. Éste complejo construido para Dios, y cabeza principal de la cristiandad en la alta edad media, fue conocido por ese nombre. Bajo esa declinación: Deo. Son múltiples los documentos medievales que lo aluden como Deo, volviendo locos a traductores y latinistas que no saben casar ésta declinación como lugar geográfico. Lugar físico.

Es a esté conjunto religioso-militar a quien dona Sancho todas las tierras conquistadas en la campaña de tierra Estella. Las dona a Dios y a Santa María. A Deo. De esta donación que realiza tras su conquista emergerán los futuros nombres tanto para el fuerte defensivo como para su comarca. El tradicional nombre del Monte Jardín compartió espacio con su nueva nominación como lugar de Dios y para Dios. De la contracción de ambas formas, Dei-Deo, surgió Deio, que derivó en el Deyo actual. La propia comarca, las tierras bajo control del fuerte, pasaron de igual modo a definirse por sus nuevos pobladores como Dei-erri, Tierra de Dios, llevándonos al actual De Yerri ó Yerri a secas. Éste uso aun es discutido, ya que el –erri puede tener su origen tanto en el –terra latina como en el –arri vascón, con el que interpretan este binomio como peña de Dios en relación al monte que soporta el fuerte medieval. Viendo que la nominación Yerri ó De Yerri es para la comarca y no sólo para el monte, todo apunta a que su origen se debe al latín y al ya mostrado Tierra de Dios.

El fuerte además tomó la titularidad de su propietario, pasando a llamarse Castillo de San Esteban, viendo aquí el motivo de que se liase parda con el asunto sepulcral. Al ser donado al castillo de San Estaban de Sos, tomó su nombre como propiedad adjunta, comenzando un largo y complicado devenir en paralelo, que ha mareado a más de un estudioso de la edad media. Omitiré las descripciones documentales asociadas a este estudio por resultar tediosas (que luego la jefa se pone como se pone) pero es de obligada mención la comparativa que cualquiera puede hacer sobre los tenentes conocidos para ambos núcleos.

La lista de señores feudales que gobernaron ambos castillos, que demuestra de manera clara la individualidad de cada uno de ellos aun bajo una misma nominación, en un mismo tiempo.

El castillo de San Esteban de Sos (en la foto) ya hemos visto cómo es mencionado de manera recurrente, incluso en las crónicas moras, donde se apunta que era lugar donde descansaba el pérfido Sancho. Lugar al que le atribuí la crianza del monarca, desde su desgarrado nacimiento por lanza mora, hasta su presentación ante los nobles de Navarra.

Teniendo claros los índices anteriores, algo fallaba. El paso siguiente, estudiar Monjardín. Fuerte sobre un conglomerado rocoso, bien puede ser tenido como una roca, ó peña. Su fuerte, de reducidas dimensiones. Básicamente una antigua torre fortificada posteriormente. Su iglesia…para echarse a llorar. Nueva, pero nueva de verdad. Nada que ver con un templo que se supone ya existía en el X. Además, con la peculiaridad de que está construida sobre el cimiento de la torre del homenaje. La estructura principal del fuerte. Está claro que el templo que puede verse en la actualidad fue construido en fechas posteriores al siglo XVI, donde fueron desmontadas varias torres similares. Nada queda de la estructura anterior, por lo menos de manera visible, que delate un templo anterior más allá de las estructuras netamente defensivas.

Está claro que es ésta la iglesia que visitó el Padre Moret, indicando el lugar de sepultura bajo un arco interior que posee el templo, en base al mármol que celebraba la conquista. De manera hipotética, aclaro. Nada de pórticos por ningún lado ni rastro físico que lo demuestre.

Como último recurso, acudir a las autoridades sobre Patrominio, a ver si tenían a bien solventar mis dudas. Y lo hicieron. Ante mi pregunta de si en Monjardín se había encontrado alguna tumba que justificase el desarrollo de Moret, recibí una respuesta tan rápida como amable y contundente: Nunca se ha encontrado ninguna tumba en el castillo de Monjardín. Ni de Rey, ni de siervo.

Con todo esto en la mochila, corriendo a Sos a localizar lo que ya sabía que me estaba esperando.

Hay que aclarar que según el códice rotense en el castillo de San Esteban no sólo fue Sancho el que encontró reposo, sino también su hijo y heredero de la corona García Sánchez, del que el códice nos dice:

“Tumulatus est in castro Sancti Stefani”

Que no es uno, sino dos los reyes que tenemos que encontrar enterrados, ya que en Monjardín ningún resto de ellos existe. Buscamos en Sos…y están. Vaya que si están.

Las dos tumbas al menos. Aun estoy por dilucidar quién es quién, pues la verdad que la identificación no está nada fácil. La primera tumba, que siguiendo nuestro estudio clama al cielo no verla, está justo ante la portada de Santa María del Perdón. El primitivo templo visigodo que hoy hace de cripta al templo actual. Templo del que recordaréis ya hablé en capítulos anteriores a causa de sus arcos de herradura modificados, y sus sarcófagos infantiles con entalle de herradura.

Viendo que las losas que la cubren en la actualidad son de fábrica relativamente reciente, a preguntar a los vecinos. En la reforma que se dio en “la claustra” de San Esteban, en lo que hoy es el túnel de acceso a las iglesias, en la década de los 50 se retiró la losa original para colocar el nuevo pavimento. Sobre la original no supieron darme más cuenta de que estaba llena de “letras y dibujos” pero muy erosionados al ser lugar de tránsito, en los que no se podía entrever si se representaba a un rey o a un obispo.

Está claro que antes de la construcción del templo superior, realizada en el XI, ésta claustra no era más que el pórtico que protegía la entrada del pequeño templo. Pórtico bajo el que, justo en su centro, encontramos una sepultura. La siguiente, también de regia condición, en una cota superior, ante un templo más moderno.

En sustitución del primitivo templo romano dedicado a San Feliciano, se construyó en una cota superior, pegante a la muralla del castillo lo que daría origen a la iglesia finalizada en el XI. Si bien en un principio su tamaño era inferior, las estructuras que se conservan aun a día de hoy nos delatan un pasado muy a mano de nuestra búsqueda. Sobre la puerta oeste (donde se construían las puertas en la edad media) y de la que hoy aun podemos encontrar su arco y mochetas empotradas en la obra final, encontramos una estructura descarnada, “fea” y sin relación con el templo final del XI que se muestra de factura diferente, y de dimensiones claramente superiores.

En este descarnado vemos una serie de losas fracturadas de lo que antaño se configuró como pórtico con el que cubrir la primitiva puerta de acceso.

Justo bajo este pórtico, a los pies de la entrada oeste, encontramos los estribos (foto izquierda) de una sepultura que impresiona. No lo hace porque en la actualidad sea fascinante, ya que, o conoces el mundo de la cantería o ni te enteras de que está ahí. Para buscar su equivalencia, tienes que viajar al pasado. Directamente a las sepulturas que en tiempos de Roma daban reposo a su clase noble (foto derecha). Siendo un panteón romano de manual, su ubicación bajo un antiguo pórtico hace que a día de hoy, sin excavaciones que nos disipen las dudas, sea imposible identificar qué sepultura es la del padre, y cuál la del hijo.

La factura de estilo romano en la superior invita a ubicar ahí a Sancho, pero el saber que el templo inferior fue contemporáneo de nuestro monarca, hace que la claustra sea el lugar idóneo para la descripción del códice rotense. Ideoinidad que se ve reforzada por las marcas de cantero que luce la propia cripta, donde se indica que bajo la bóveda de la claustra se encuentra sepultada una persona identificada con la letra S. Enigma que sólo podrá tener solución si los restos interiores no han sido alterados, y alguna vez se realiza una excavación profesional a conciencia.

Para la superior sí que puede afirmarse que hubo alteración, ya que para instalar la caldera de calefacción actual se rebajó el suelo unos 40 centímetros, extrayendo multitud de huesos del lugar. Huesos que fueron recogidos por el aun párroco de la villa, D. Máximo Garcés, y depositados como corresponde en el osario del cementerio.

Pero no hay por qué preocuparse demasiado, ya que a tenor de lo que suben los suelos con el paso de los siglos, y el que adjuntas a esta estructura se encuentren innumerables cruces de gentiles, señalando las gentiles sepulturas en una cota superior, nos deja la esperanza de que el sarcófago real se encuentre aun muy por debajo de la zona afectada.

Como panteón particular de la casa jimena éste complejo religioso militar no sólo recoge a los dos reyes indicados en este capítulo, sino también a la Reyna Estefanía de Navarra, esposa de García Sánchez III, de la que se dice que fue quien sufragó los costes de la construcción del nuevo templo en el XI. Del templo final que podemos visitar en la actualidad. La tumba de nuestra reyna la encontramos nuevamente en la claustra, identificada con su nombre sobre una detallada Cruz. Hay que destacar que en la alta edad media las inscripciones funerarias sólo se realizaban para la nobleza, bien sea civil o eclesiástica. D. Máximo como buen Garcés natural de Sos, es defensor de que el conocido como el Obispo Infante también yace en la claustra. Obispo que no es otro que García Ramírez, hermano del Rey Sancho Ramírez, criado en Sos y nombrado Obispo de Jaca. Envenenado en Anzánigo tras una disputa con su hermano, murió en 1086, desconociéndose el lugar de sepultura.

En el interior de Santa María encontramos otra inscripción, notable inscripción, que nos habla de un “presbítero García”. Ningún obispo puede verse identificado bajo ésta descripción, pero resulta realmente chocante semejante inscripción para un simple presbítero, haciéndonos arrojar varias hipótesis al respecto. La primera de ellas es que el Obispo Infante fuese degradado a presbítero antes de su asesinato, y sepultado bajo su nueva condición. Algo totalmente inusual, pero dado el libre devenir de nuestra iglesia en ese tiempo (que detallaré en el capítulo dedicado a la mujer navarra) no es nada descartable. La segunda es que pertenezca realmente a un presbítero ordinario, pero de sangre real. Pariente de los anteriores. Sea como fuere, esta inscripción nos confirma Santa María del Perdón como lugar de noble enterramiento, salvaguardando en sus entrañas a día de hoy grandes sorpresas para el futuro.

Sinceramente veo gran lógica en el planteamiento de D. Máximo ante la posibilidad de que el Obispo Infante fuese sepultado en la villa que le vio crecer. La memoria del lugar no deja que lo olvidemos. Visitamos la portada románica, la que puede verse en la actualidad, y en su jamba derecha (vista de frente) encontramos representada en lugar preferente, a nuestra Reyna Estefanía. Reyna identificada con su nombre escrito en la parte superior de la corona que ostenta la talla, revelado tras la limpieza que se realizó años ha. Escrito en el lugar idóneo para una identificación en ese tiempo.

Frente a ella, en la jamba izquierda, encontramos la notable talla de un obispo, del que no se da cuenta ni razón. Bien puede ser nuestro infante, representado como uno de los notables sepultados en el templo, adquiriendo aun más valor si cabe las deducciones de D. Máximo.

Todo un lujo que os invito a conocer –si aún hay alguien que no lo conoce- ya que visitando el castillo de San Esteban de Sos, se visitan directamente nuestras raíces cristianas, navarras y libres. Algo que recomiendo hacer en lugar de seguir buscando núcleos fantasma en lugares donde nunca antes han existido. Que hoy Sos pertenezca a Aragón no debe de suponer ningún problema para saber apreciar todo lo que en su interior nos conserva, ya que poner reparos y objeciones (cualesquiera que sean) por su condición aragonesa, denota la misma sinrazón que la que desprenden quienes niegan su pasado medieval real, por estar vinculado directamente a Navarra.

Y conste que lo veo mal en un particular cualquiera, pero verlo también en nuestras instituciones…tela.

Sobre Sancho Garcés, y para terminar aquí los capítulos dedicados a su persona, destacar su relevancia como monarca, como verdadero motor de la primera reconquista, haciendo honor a sus hechos, victorias e inteligencia. Destacado por su bondad y por su auxilio a las comunidades cristianas, todos debemos hacer justicia a su memoria.

Estudiando su vida puedes encontrarte grandes sorpresas. Una de ellas y que quiero compartir con vosotros, es que gracias a él, nuestra edad media puede presumir de haber alumbrado al primer cuerpo de monjes guerreros de la historia de la cristiandad. Quienes serían identificados posteriormente bajo el título de Órdenes de Caballería, gracias a nuestro rey pueden ser identificados en nuestra Navarra ya en el siglo X. Algo que hará que a más de uno se le caiga la boina al rostro.

¿Adivináis qué congregación de monjes puedo estar describiendo bajo estas palabras?

Si habéis pensado en Leyre, habéis acertado de lleno. Monasterio del que conocemos su pasado legionario, y que, visto lo que hay, nunca perdió su condición guerrera. En una de las muchas donaciones que realiza Sancho Garcés a éste monasterio, encontramos una muy singular. Realizada el 18 de Marzo de 918, en pleno apogeo de su reinado y en compañía de su esposa Toda, entre otras cosas dona tanto al monasterio como a su abad Sancho:

Una armadura (coraza), dos tiendas de campaña, escudos, lanzas, un caballo y un mulo -con sus correspondientes sillas y frenos-, dos eunucos y cuatro “extranjeros”.

De paso, al obispo Basilio, quien regía su obispado Pampilonense desde Leyre le dona de igual modo varias piezas para la liturgia, -un cáliz, tapices para el templo y demás bienes menores- una capa, y otro caballo con su silla y freno.

Si bien en una edad media más avanzada conocemos de primera mano los ejércitos personales que gobernaban los obispos, en el X a tenor de éste documento vemos que el peso en lo referente a lo militar lo ostenta la congregación de monjes, a quienes se dona escudos y lanzas sin incluir su número  -lo que invita a pensar que fue en un número más que notable- una armadura, que sólo tiene utilidad militar, y lo más reseñable para la cuestión: las dos tiendas de campaña. Algo inútil para una congregación estática, refugiada en su monasterio de piedra, barro y madera, que sólo tiene su justificación si dichos monjes acompañaban a su soberano en sus campañas militares.

Como digo, la primera orden de monjes guerreros de la edad media europea: El monasterio de Leyre bajo reinado de Sancho Garcés I.

Para terminar ya, aunque da penilla dejar aquí a nuestro primer gran Rey, os haré partícipes de otra singularidad que podéis encontrar en la iglesia de San Esteban de Sos. Como hemos visto, son dos los personajes de la realeza que han sido esculpidos en su portada, y cuyas tumbas encontramos en su cripta.

A la derecha de Estefanía, se representa una figura enigmática. Figura de rasgos finamente tallados, se aleja de ostentaciones y encarecidos detalles. Con una daga al cinto denotando su naturaleza guerrera, una figura de rostro amable se delata como única en la portada, pues lejos de ostentar ricos ropajes y vistosos abalorios, ha sido esculpida vestida con el sencillo atuendo de un pastor.

Un pastor, calzado con abarcas.

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

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