José Cadena y Eleta.

El navarro, de Pitillas, José Cadena y Eleta, arzobispo de Burgos, falleció en esta capital el 6 de junio de 1918, por lo que nos encontramos en el año del centenario de su muerte que ya ha merecido un reconocimiento por parte de las fuerzas vivas culturales de su pueblo natal, especialmente por la profesora Sagrario Anaut. Nació en este pueblo tan entrañable de la vega del Cidacos, un 20 de marzo de 1855. Como era costumbre en muchas de las familias, estudió en el Seminario de san Miguel de Pamplona desde los once años hasta que a causa de la Revolución de 1868 fue clausurado.

Pasó a Zaragoza para culminar el bachillerato y cursar la carrera de Derecho que terminó en 1876. Pacificada España, ese año, tras la Guerra Civil Carlista, volvió al Seminario de Pamplona para proseguir los estudios eclesiásticos de Filosofía y Teología y se ordenó como sacerdote en 1880. Su primer destino fue Biurrun, en calidad de coadjutor de la parroquia, para pasar con la misma condición a Aoiz donde llegó a ser párroco. Allí conoció a un chico monaguillo, Zacarías Zuza Eslava, hermano del abuelo paterno de mi esposa, que también fue seminarista, luego sacerdote y que le acompañó como colaborador directo, en los cargos que ostentó. Don José Cadena y Eleta ganó por oposición una plaza de canónigo en Ávila en 1887 que le valió la responsabilidad de ser provisor de la diócesis, que pronto quedó vacante por el traslado a Vitoria del obispo también navarro, Ramón Fernández Piérola. Durante el periodo de sede vacante en Ávila, fue elegido en 1890 Vicario Capitular de la catedral abulense que le supuso una sobrecarga de trabajo que le erosionó su salud muy resentida en 1891. Al año siguiente, ya restablecido, fue nombrado Rector del seminario de Ávila y Visitador sinodal, para al poco tiempo en 1896, obtener el título honorario de Prelado Doméstico de su Santidad, con el que llegó en el mismo año a Madrid para desempeñar la responsabilidad de Chantre en la catedral de Santa María de la Almudena, además de Provisor, vicario general y juez ordinario del Obispado. Responsabilidades éstas que desempeñó con diligencia y con buenos colaboradores.

Orientado por su formación hacia el derecho canónico y civil, además de sus obligaciones pastorales y de gobierno, José Cadena y Eleta desarrolló en todos sus destinos un interés por dotar a las instituciones eclesiales de edificios dignos y promovió y culminó en muchos casos, construcciones dignas y funcionales. Tal es el caso de su interés por dotar a Madrid de una catedral –la Almudena- acorde con la capitalidad de la nación. Y ya después, en Vitoria con la construcción de nueva planta de la catedral nueva de la Inmaculada Concepción y en Burgos, donde culminó su servicio a la Iglesia, con la construcción del palacio arzobispal. A lo largo de esa vida constructiva contó con la aportación de dos magníficos arquitectos Julián Apraiz y Javier Luque.

El ocho de abril de 1901 es preconizado por León XIII obispo de Segovia y consagrado con el episcopado el siete de julio de 1902.Es una época de oro para Navarra que cuenta con varios obispos repartidos por la geografía española, como es el caso de don Eustaquio Ilundáin, obispo de Orense que llegaría al cardenalato; don Javier Baztán Urriza, en la silla de Oviedo, fallecido en 1905, y don Santiago Ozcoidi, obispo en Tarazona que moriría al poco tiempo también en 1907. Estos prelados junto a cadena y Eleta en sus respectivas diócesis promoverían la doctrina social de la Iglesia tan enmarcada en su Navarra natal, con la red de cooperativas agrícolas cajas rurales, y en otro orden de cosas, la Buena Prensa y Lecturas, a través de publicaciones católicas, y la necesaria conjunción de los católicos en lides políticas en las cuestiones relativas a la moral y costumbres.

A pesar de su ascenso con el orden episcopal, el traslado a Segovia le supuso un relativo descargo en sus atareadas ocupaciones que desempeñó en Madrid. Tal es así, que es designado como electo entre los ordinarios de las provincias eclesiásticas de Valladolid y Burgos, como senador del reino en la legislatura 1901-1904. Repetiría después, también como senador en las legislaturas de 1908-1909, ya obispo de Vitoria, y 1914-1915, cuando era arzobispo de Burgos. El diario de sesiones del Senado y el Archivo de esta Cámara Alta, recogen las intervenciones y actos en los que interviene como senador, en una faceta en la que más que por la política partidista, le importa la actuación de los católicos en la vida pública, en momentos de gravedad como los que se tienen después de la Semana Trágica de Barcelona (1909), Ley del Candado, con Canalejas, y otras tensiones en las que están presentes movimientos societarios, anarquistas y masónicos. Su aguda intuición para analizar problemas sociales, su formación en Derecho y su oratoria fluida y bien trabada son destacada en la prensa católica de la época.

El 9 de abril de 1904 se traslada a como titular a la diócesis de Vitoria, de reciente creación. Nada más llegar, comienzan las obras de la nueva catedral de la Inmaculada concepción en la capital alavesa, contando con los arquitectos ya nombrados Apraiz y Luque. La diócesis fue erigida en 1862 y por tanto, no tenía en ese momento más que una iglesia de origen medieval habilitada como catedral. De Vitoria dependían Bilbao y San Sebastián, cuyas sillas episcopales, son todavía más recientes. Todo ello dentro de la Provincia Eclesiástica de Burgos.

El 18 de agosto de 1913 es preconizado arzobispo de Burgos, donde toma posesión con la entrada acostumbrada en cabalgadura humilde el 18 de diciembre de 1913. Su escudo está grabado en piedra en las dependencias episcopales, a las que contribuyó con edificios dignos, con la ayuda de su Chantre, don Zacarías Zuza que le siguió como colaborador eficaz en los destinos, y de los arquitectos Apraiz y Luque, de los que fue mentor el arzobispo Cadena, como señalan los que han estudiados las obras más notables de los mismos, como Marta Aparicio y María Odériz, así como el nieto y biznieto de Apraiz, Iñaki y Mikel Apraiz. Recuerdo la intervención de estos especialistas en el Palacio de los Mencos de Tafalla, tras culminar los estudios sobre estos arquitectos constructores. Destacan en sus obras el Banco de España de Bilbao, las agujas de la Catedral de Burgos, en Laguardia, el hospital de San Raimundo, luego Instituto, intervención en santa maría de los Reyes en la misma ciudad, y lógicamente el palacio de Pitillas. En su ciudad natal y palacio familiar, se fundó el colegio de las Hijas de Jesús que fue inaugurado el 24 de octubre de 1909. Esta congregación de enseñanza fue la madre Josefa Cipitriáin Barriola, nacida en Andoáin en 1845 y fallecida en Salamanca el 9 de agosto de 1912 y que contó con la ayuda para la puesta en marcha de esta institución religiosa del Arzobispo Cadena y Eleta.

Su cuerpo descansa en la capilla del Cristo de Burgos, de tanta devoción en la capital castellana desde la fecha de su muerte, el 6 de junio de 1918. Quedan sus obras, su labor pastoral y también sus libros, entre los que se destacan el Tratado teórico-práctico de procedimientos eclesiásticos en materia civil y criminal; Proyecto de código procesal canónico (1895); y El sacerdote perfecto o tratado de Teología (1892). También, como podemos comprobar en estos días, el recuerdo de sus paisanos y también de los estudiosos que se han acercado a su vida y su obra.

 

Jesús Tanco Lerga

Doctor en Ciencias de la información por la UN

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