Vacaciones, sinónimo de cambio de actividad

Decía la profesora de Florida, Linda Bloom, que “las vacaciones son una necesidad, no un lujo”, porque, después de un año de ajetreo y de estrés, la mayoría de las personas cogemos unos días de relajo. Sobre todo, son los meses de verano cuando aprovechamos para colocar un paréntesis a nuestro trabajo.

Los rusos, con 40 días de descanso, son los más privilegiados, seguidos de los italianos, suecos, brasileños, y noruegos, con 36. Las naciones con menos vacaciones son los mexicanos, con 13 días, y los canadienses con 15.

La palabra “vacaciones” proviene del latín, que se interpreta como suspensión temporal del trabajo o de los estudios oficiales, pero no incluye cesar otras actividades. Ocio no significa no hacer nada, absolutamente nada, es decir, dejar al cuerpo a su antojo, siguiendo el mal ejemplo del escritor americano de comedias, Robert Orben: “las vacaciones consisten en no tener nada qué hacer y disponer de todo el día para hacerlo”. No es una buena referencia, puesto que “vacare” es sinónimo de “cambio de actitud y de actividad”, una manera distinta de plantearnos las horas libres.

Por eso, hay que marcarse objetivos de lo que deseamos hacer y poner los medios para alcanzarlos. Nuestra mente y nuestras energías deben estar enfocadas hacia otras metas distintas a las que nos proponemos durante el año. Así, los estudiantes pueden reciclarse, leer algún libro, colaborar en las tareas del hogar, pasar unos días con la familia en el pueblo y salir con los amigos.

Es un tiempo especial para dedicarnos a nuestras aficiones o impulsar nuestra solidaridad, ya que durante el resto del año no podemos o no tenemos tiempo: completar colecciones, pasión por Grecia o Egipto, practicar un deporte o visitar y colaborar con los más necesitados.

Pero, ¿podemos potenciar otros valores? En Navarra, la crisis económica, el paro y el cierre de pequeños negocios familiares está provocando que en muchos hogares no hayan podido disfrutar de unos días de vacaciones, de ahí que los hijos deben implicarse en evitar gastos para hacer más llevadera la grave situación económica. Porque es fácil desprenderse de los que nos sobra, lo más complicado es prescindir de lo que se ha hecho habitual en el día a día: el cine, los refrescos, el helado, las cenas, ropa nueva y la piscina. Por otro lado, los jóvenes, que disponen en sus casas de una economía saneada, pueden poner en valor el esfuerzo y sacrificio que hacen sus padres para que en todo el verano pueda disfrutar no sólo de lo necesario sino también de los caprichos.

Por tanto, adultos y jóvenes, en vacaciones hay tiempo para todo: cargar pilas, disfrutar del benigno clima, pasar más horas con la familia, practicar algún hobby y compartir tardes con personas solas, abandonadas, enfermas y con falta de afecto. Sería triste, muy triste, finalizar el verano y regresar al trabajo, al colegio, a la universidad con las manos vacías y con el peligro de haber perdido el hábito del esfuerzo. Podemos volver bronceados, estilizados, más guapos, pero sin haber realizado ninguna acción positiva.

Vamos a relajarnos física y mentalmente, sin olvidar que cada día tiene 24 horas y podemos distribuirlas con múltiples ocupaciones y de ocio, porque como decía el escritor neoyorquino, Clarence Day, “la hormiga es sabia, pero no lo suficiente para tomarse unas vacaciones”.

Luis Landa El Busto

Licenciado en Ciencias Humanas y profesor

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