Mariano Ansó Zunzarren

Ante la campaña descarada de republicanos de nuevo cuño, ignorantes de lo que han sido las dos experiencias republicanas habidas en España, propongo la figura de un pamplonés Mariano Ansó Zunzarren, republicano de convicción y personalidad navarra que puede ser ejemplo de reconciliación sincera, sin odio ni resquemor residuales, según podemos leer en sus excelentes memorias que bajo el rótulo de Yo fui ministro de Negrín, publicó en Planeta en 1976. Ansó nació en Pamplona el 21 de enero de 1899 y falleció en Biarritz el 29 de agosto de 1981. Entre estas dos fechas, una vida azarosa e intensa, la de este político, abogado y escritor que bien merece la pena recordar. Leo a Víctor Manuel Arbeloa en la Gran Enciclopedia Navarra que estudió en los escolapios de Tafalla –donde hice mi bachillerato elemental-, en el de la misma congregación en Pamplona, para continuar en los Maristas de la misma ciudad y terminar el bachillerato en el Instituto Provincial, de la calle Navarrería. En 1921 culminó la carrera de Derecho como alumno libre en la Universidad de Madrid. Comenzó el ejercicio profesional de la abogacía como pasante del despacho del prestigioso abogado pamplonés Joaquín Beúnza, tradicionalista destacado y diputado electo que fue fusilado en el fuerte guipuzcoano de Guadalupe el 4 de septiembre de 1936 pocas horas antes de ser tomado por las tropas nacionales. Republicano convencido, Ansó fue abogado defensor de dos implicados en años de Primo de Rivera, en el robo del Banco Hispano Americano de Pamplona, Juan García Oliver que fue luego ministro de Justicia de la República y Aurelio Fernández responsable después de Orden Público en la Generalidad catalana, en tiempos de bandera tricolor. En la Dictadura (1923-29) formó parte Mariano Ansó del exiguo Partido Republicano Autónomo de Pamplona que con el apoyo del semanario La República fundado por el propio Ansó, fue ganando adeptos y resultó capaz de llenar el Teatro Gayarre en un mitin de Miguel Maura de Derecha Republicana. Después de la salida voluntaria de España de Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931 a las siete de la tarde, Serafín Húder, acompañado de Mariano Ansó, proclamó la II República en el ayuntamiento de Pamplona del que sería pronto concejal y por unas semanas, alcalde, el abogado pamplonés. Su carrera política fue en aumento, puesto que fue elegido por la minoría republicana, diputado a las Cortes constituyentes el 29 de junio de 1931.

En las elecciones del Frente Popular de febrero de 1936 salió elegido por Guipúzcoa como diputado y presidió en la Cámara la comisión de Guerra. Después del 18 de julio, fue subsecretario del ministerio de Justicia, regentado por el nacionalista vasco y estellés, Manuel de Irujo. De diciembre de 1937 a abril de 1938 fue ministro del gobierno de Juan Negrín, médico y profesor de Fisiología antes de su militancia próxima al partido comunista, del que era íntimo Mariano Ansó. Negrín y otros dirigentes de la República en Guerra como Prieto, Giral o Álvarez del Vayo, fue partidario de ofrecer al Partido Comunista, y por extensión a Rusia, la preponderancia en la Guerra que conforme pasaban los meses iba decantándose por las tropas nacionales que iban ganado terreno progresivamente. Como contraprestación a la ayuda rusa, volaron hacia Moscú las reservas de oro de España, dejando en penuria económica al Gobierno republicano y la consiguiente devaluación brutal a la peseta de su zona. Mariano Ansó fue testigo y partícipe en esa operación, y años después describió con todo detalle y sin eximir su responsabilidad, los detalles de evasión de las reservas de oro y dinero hacia la Rusia bolchevique. Exiliado a Francia después de abril de 1939, fue detenido por la policía francesa del territorio de Vichy –con la postura de Pétain favorable a un entendimiento con Alemania-, y absuelto poco después. Marchó a Suiza para instalarse definitivamente, con su mujer, Gloria, y sus dos hijas, en Biarritz, lugar reconocido por todo el mundo como de vacaciones y tan próximo a su tierra navarra que tuvo allí mucha presencia, como la del ilustre violinista Pablo Sarasate al filo del cambio de siglo. En Biarritz también murió su padre el 2 de julio de 1949 y su entierro fue una demostración de afecto de los que apreciaban a la familia Ansó. Llegaron condolencias de Indalecio Prieto que residía entonces en San Juan de Luz; de Juan Negrín, residente en México; de Rufino García Larrache que vivía en Bayona y una serie de personas que detrás de la frontera añoraban a su patria española que iba reconstruyendo al mismo tiempo que su maltrecha geografía, la concordia y la convivencia.

Mariano Ansó pasó de la condición de exiliado a la de español residente en el extranjero con la entrega al ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo, de toda la documentación acerca de las reservas metálicas del Banco de España, base del crédito y de las “existencias que en oro, plata y billetes, hubieres en el establecimiento central del Banco de España” a un lugar que se considere seguro, es decir a Rusia y otros paraderos considerados de tal guisa, según el decreto firmado por el presidente de la República, Manuel Azaña, el 13 de septiembre de 1936 y refrendado por el ministro de Hacienda, Juan Negrín López, del que era hombre de confianza Mariano Ansó. Así salieron de España las 7.800 cajas de la República Española expedidas en depósito a Moscú, y que fueron abiertas y comprobadas en su destino por embajador de la República en Rusia, Marcelino Pascua, con el comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores de la URSS, Nicolás Krestinski, del comisario del Pueblo de Finanzas, Grinko, y los acompañantes de la expedición desde Madrid, Arturo Candela, Abelardo Padín, José González y José Velasco. El depósito que en el acta de recepción firmada por las dos partes, se considera provisional, fue distribuido en cantidades que sirvieron para compensar el envío de material de guerra, de personal y servicios, por parte de la URSS a la España roja, y después para financiar en parte a refugiados en el exilio. Los sucesivos gobiernos de la República Española dieron órdenes, de diversas maneras ejecutadas, desde el 7 de marzo de 1937 hasta el 28 de abril de 1938, de venta de reservas para ser canjeadas por dólares y en el mercado de Londres. Parte considerable de las cantidades vendidas formaron el fondo de la CHADE cuyos títulos de propiedad correspondían al Estado Español. La cantidad resultante fue depositada en cuentas especiales. Siguiendo la voluntad de Juan Negrín, muerto repentinamente el 12 de noviembre de 1956, Mariano Ansó uno de sus pocos fieles, con Rómulo Negrín, su hijo, formalizaron los contactos con Melchor de las Heras, abogado del ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, para aclarar y recuperar en todo lo que fuera posible, el tesoro español que salió de Madrid en septiembre de 1936.

En un acta firmada ante el cónsul español de París el 14 de diciembre de 1956, Mariano Ansó, con la ratificación de Rómulo Negrín, descargó su conciencia siguiendo los deseos de Negrín, de anteponer los intereses nacionales, a los de un partido o facción. A las pocas horas de la firma, Gloria y Mariano Ansó paseaban por las calles de Madrid con toda naturalidad y fue recibido por el ministro Alberto Martín Artajo en el palacio de Santa Cruz, sede del ministro de Asuntos Exteriores. Sus venidas a España fueron permitidas y recuerdo haberle visto en su Pamplona natal, el día 6 de noviembre de 1979 con motivo de la visita que José Tarradellas hizo al Palacio de Navarra, en una recepción histórica. Tengo como libro preciado el de Yo fui ministro de Negrín, que iba a ser prologado por mi biografiado Manuel Aznar muerto unos meses antes de su impresión. Aznar y Ansó quisieron con convicción a su patria chica y a su patria grande. El gran trincherón abierto en 1936 les colocó en posiciones distintas pero fueron ambos, ejemplo de reconciliación de las dos españas llamadas a fundirse en la única España en paz.

 

Jesús Tanco Lerga

Doctor en Ciencias de la información por la UN

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