Juan Andrés Ciordia (1931-2019), entre el Derecho y la Educación.

El pasado día siete de agosto falleció en Pamplona, Juan Andrés Ciordia Segura, experto en Derecho y Educación, con una brillante trayectoria profesional en los dos campos que desarrolló con diligencia y eficacia. De familia arraigada en Los Arcos, la profesión paterna hizo que naciera en la Argentina hermana, pocas semanas antes de la II República. Formado en la Comercial y Universidad de Deusto, descartó unas oposiciones a notarías a las que le animó un tío notario, para adentrarse en el mundo de la economía acorde con su preparación universitaria, en el mundo de la publicidad y otros campos afines. Su matrimonio con la también muy navarra María del Carmen Vela, del que fructificaron seis hijos, le trajeron de Madrid a Pamplona, de la mano de Francisco José de Saralegui, compañero -como lo fue también Cruz Martínez Esteruelas- , en las exigentes aulas universitarias, cuando el economista e intelectual Josecho Saralegui se ocupó desde la Secretaría General Técnica de ejecutar los Planes de Desarrollo aprobados por la Diputación Foral de Navarra.

Correspondió a Juan Andrés Ciordia encabezar en la segunda mitad de los años Sesenta el servicio de Enseñanza que había de convertirse en la Dirección de Educación de la Diputación foral, en la que tuve el honor de servir durante unos años como funcionario y subdirector. Conocí de cerca la valía y competencia de este jurista de ideas claras, muy dotado para la organización de equipos, siempre sin sobrepasarse en sus atribuciones y ateniéndose, fuera de injerencias de la política, a su estricto papel de funcionario directivo. A él se deben la ejecución de planes de instalaciones deportivas municipales con la contribución de ayuntamientos, Diputación y Delegación de Deportes; el haber solucionado con instancias nacionales, forales y municipales la compleja tarea de las concentraciones escolares tan costosas de ubicar y dotar; el programa de incorporación de cultura navarra a los centros escolares de la región, en distintas áreas y con comisiones de profesores, preparación de material y redacción de contenidos; la acogida en hogares propios y luego convenidos con Nuevo Futuro de chicos con problemas familiares; la creación de la escuela Oficial de Idiomas siguiendo el modelo de Bilbao y con una primera ubicación en el colegio de Escolapios de Pamplona; la vertebración de los conservatorios de música elementales en conexión con el superior para las enseñanzas de música que enlazaba con su gran cultura musical que complementó con la organización de demostraciones anuales de música, danza y folclore que se organizaron bajo los auspicios de la Institución Príncipe de Viana, en el pabellón Anaitasuna. Los festivales de coros y corales, la promoción del folclore propio y compartido, la continuidad de la cátedra de Derecho e Historia de Navarra en la Escuela de Magisterio, la preparación de materiales didácticos en lengua vasca carentes hace cinco décadas para escolares infantiles, iniciativas de cooperación con entidades educativas surgidas de la sociedad, como las de discapacitados en diferentes aspectos, tienen que ver con la buena mano y el sentido jurídico ordenado, de quien nos ha dejado recientemente y sentimos su ausencia.

Con la misma Institución Príncipe de Viana, sección de Vascuence, y con las prerrogativas de la Junta Superior, y siguiendo las directrices de la Diputación Foral, diseñó un plan realista de bilingüismo en los parvularios de las zonas vascófonas para que con profesorado adecuado fueran optimizando sus habilidades lingüísticas. Su preparación jurídica al servicio de la educación, fue decisiva para la firma de convenios de la Diputación Foral con entidades de reconocido prestigio. Por recordar algunas, los convenios modélicos de Formación Profesional con los hermanos de La Salle en Lacunza, Lumbier, por ejemplo; con el Patronato Amazábal en Leiza; con los Jesuitas de Tudela para la ETI; con la Universidad de Navarra para la puesta en marcha del centro de la UNED y la creación de la Escuela de Ingeniería Técnica –El Sario-, y el Convenio General que contenía diversos aspectos como el de régimen económico de los alumnos navarros, fomento de la investigación, y creación de nuevas titulaciones favorables al entorno; con los padres Salesianos para el régimen de funcionamiento de la Escuela modélica de formación Profesional de Navarra en Pamplona. Es en este sector de la Formación Profesional, donde el Patronato de Navarra, además de crear centros propios en distintos grados y especialidades: Estella, Tafalla, Peralta, Vera, Elizondo, acordes con las necesidades de formación de especialistas que sirvieran a la industria y servicios comercializados, y que fueron dotados de un servicio de orientación pionero en el que trabajó el recién fallecido Ramón Loitegui, y residencias anejas encomendadas a sacerdotes diocesanos idóneos, donde más se puso de manifiesto la eficaz contribución de las enseñanzas de formación profesional al desarrollo de Navarra.

Ahí estuvo la mano experta de Juan Andrés Ciordia, como también en la armonización de relaciones con la Administración del Estado y las competencias locales en materias de Educación; sobre todo con esa figura tan navarra que tantas Escuelas de Temporada creó en zonas rurales, ya desaparecida que fue la Junta Superior de Educación, cuyas prerrogativas fueron tras la Ley General de Educación (1970) puesta en marcha por Villar Palasí y Martínez Esteruelas, no sólo reconocidas sino acrecentadas, y que permitieron desde la legalidad hacer labores de fomento en aspectos educativos como la Educación Física, los idiomas, la cultura navarra, el perfeccionamiento del profesorado, por ejemplo. Partidario de la ayuda directa a la familia y del derecho a la educación a la creación y sostenimiento de centros de iniciativa social, y de promover la participación de profesores y padres en el sector, Juan Andrés Ciordia, dejó una gran estela de realizaciones en este campo que dejó en el ámbito de la Administración no sin sentimiento en la década de los Ochenta. Culminó su hoja de servicios a Navarra en el Tribunal Administrativo de Navarra, otra figura del Derecho navarro, que tras el Amejoramiento, sigue en vigor.

Juan Andrés Ciordia, compaginó sus tareas de jurista en el Tribunal con una labor docente muy valorada por alumnos y claustro, cuando se puso en marcha en la Universidad de Navarra, la facultad de Psicopedagogía, luego de Educación. Su asignatura de Política y Administración Educativa, me consta de primera mano, ha sido seguida por profesores que ahora en la plenitud de sus carreras, siguen las pautas del que con magisterio no sólo aportó contenidos teóricos sino una experiencia avalada por un saber estar y actuar, desde el derecho, la optimización de recursos y la responsabilidad compartida de profesores, familias y Administración. Vaya por mi parte este reconocimiento creo que justo y no producto de la profunda amistad que nos unió en vida, en que compartimos tareas docentes, vocación peregrina a Santiago y a Javier –lo vi este 2019, junto al castillo del santo patrón-, un foralismo no localista abierto a la realidad nacional y universal, las inquietudes por una Navarra mejor, con el agradecimiento, eso sí, a lo mucho y bueno que aprendí de él.

Jesús Tanco Lerga

Doctor en Ciencias de la información por la UN

 

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