Joaquín Arrarás Iribarren.

Joaquín Arrarás Iribarren nació en Pamplona, en el año del Desastre, en 1898, en el que la guerra desigual con Estados Unidos hizo perder Cuba y las Filipinas para sumir a España en una depresión social a la que la generación intelectual que dio nombre quiso dar respuesta. Murió en Madrid el 8 de agosto de 1975. Tras el bachillerato que cursó en Pamplona, emprendió los estudios de Derecho en Valladolid y Oviedo, doctorándose posteriormente. Influyó mucho en su formación su tío Félix Arrarás, nacido en Eugui en 1883, sacerdote, Magistral de la catedral de Pamplona que luego pasó a Burgos donde ocupó también un cargo importante en la curia. Creo que coincidió en la capital castellana con el también canónigo y chantre Zacarías Zuza Eslava, tío abuelo de mi mujer.

Lo cierto es que el joven Joaquín Arrarás despliega desde sus años juveniles una gran actividad periodística en medios provinciales como El periódico El Castellano de Burgos del que sería nombrado director en 1918, a los diecisiete años. Tuvo tribuna también en ese tiempo (1918) en El Sol, dirigido por el también navarro Manuel Aznar, donde colaboró con noticias comentadas de Castilla, en una época de despliegue del fervor autonómico o regionalista. Fuertemente influenciado por el ambiente católico y social de Burgos con su Círculo Católico, Caja Rural y labores de proyección social, entra en la órbita de la Asociación Católica de Propagandistas presidida por Ángel Herrera, también periodista y director de El Debate, periódico buque insignia de otros de carácter regional y que dio nombre al primer centro de formación de periodistas de España, la llamada Escuela de El Debate en 1926. Joaquín Arrarás se vincula desde 1921 a El Debate ocupando sucesivamente puestos muy atractivos como el de corresponsal en Barcelona, Inglaterra, Grecia, Estados Unidos, Turquía, Portugal, Marruecos, Medio Oriente, Francia e Italia. En 1928 se asienta en Santander donde dirige el periódico El Montañés hasta 1930 en que se instala definitivamente en Madrid en un puesto de responsabilidad en El Debate, donde disponía de una tribuna de mucha aceptación “Notas de bloc

La llegada de la II República suscita tensiones en las organizaciones católicas respecto a la mayor o menor colaboración en el régimen instaurado de modo precipitado. Ángel Herrera anima a los miembros de Acción Católica que presidía a participar en la vida pública en sus diversas facetas: política, sindical, social…Joaquín Arrarás se vincula a la revista Acción Española donde escriben Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera, Eugenio Vegas Latapié y otros intelectuales que intentan dar doctrina y criterio a la sociedad que quiere mantener vivos los ideales patrios que creen sustanciales en España. La siniestra deriva política del régimen republicano desemboca en la Guerra Civil Española que marcó decisivamente la historia nacional. Arrarás puso su experiencia periodística al servicio de la España nacional y fue a trabajar a Burgos con Juan Pujol en la organización de la prensa al servicio del nuevo régimen que el triunfo de las armas auguraba. En un espacio breve fue director general de Prensa y escribió tempranas obras que luego actualizó como una biografía de Franco en 1937, el Sitio del alcázar de Toledo en el mismo año y fue en ese tiempo el primero que dio noticia de los Diarios de Azaña después del rocambolesco robo de los mismos de manos de su cuñado Rivas Cherif, con el título de Memorias íntimas de Azaña.

Arrarás anotó muchos episodios de la vida nacional de los Años Treinta. De su papel de periodista historiador, cronista que escribe para la Historia, salió la Historia de la Segunda República Española en cuatro volúmenes que publicó en varios años desde 1956 que todo el mundo que quiera asomarse a esos momentos decisivos consulta, aunque casi nadie cita al autor. Otros periodistas como José Pla hicieron lo propio, y tampoco en estos tiempos de revisionismo a ultranza, son reconocidos como pioneros que escribieron lo que vieron o vivieron. En la misma línea podemos situar la Historia de la Cruzada Española en veintitrés tomos que dirigió literariamente Arrarás y que le valió el Premio Nacional de Literatura de 1956. En 1962 fue nombrado Periodista de Honor, mientras seguía colaborando en varias publicaciones y sobre todo en Ya, periódico filial de El Debate y del que fue cofundador en tiempos de la República (1935-36) y subdirector más tarde, una vez que fue autorizado después de 1939, figurando como exponente de la obra periodística unida a la Asociación Católica de Propagandistas y de la Acción Católica Española, de la mano de don Ángel Herrera, sacerdote desde 1940, obispo después y cardenal de gran peso específico en el episcopado español.

Si incansable actividad periodística le llevó a colaborar en periódicos de La Editorial Católica y otros de ámbito nacional. Muy meritoria fue su labor de corresponsal en Madrid de La Gaceta del Norte, periódico pionero en la prensa católica (1901) y de carácter interregional. Su firma podemos verla a menudo en El Pensamiento Navarro, en El Correo Español-El Pueblo Vasco, o en publicaciones de altos vuelos, como la Revista Filipina-española (1948) donde dio una completa crónica de los actos del IV centenario de Miguel de Cervantes o El Español (1944) en que publicó un artículo testimonio, Así se rindió Donostia.

Por mediación del común amigo y profesor de Arquitectura en Navarra, José María Ordeig, hace unos años hablé por teléfono con el arquitecto Carlos Martínez Caro, casado con María Teresa Arrarás Subijana, hija de Joaquín con la que ha tenido cuatro hijos: Carlos, María, Teresa y Pablo. Me dijo que estaban ordenando los papeles de su suegro. Espero que, si ya están clasificados, puedan ser consultados o al menos dados a conocer. Esconden las señas de identidad de un reconocido periodista que hizo Historia describiendo lo que vio, vivió y compartió, en momentos cruciales de la vida española.

Jesús Tanco Lerga

Doctor en Ciencias de la información por la UN

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