Ikastola: semillero de abertzales separatistas

Navarra es una comunidad diversa con dos regiones diferenciadas, el norte y el sur. Una tierra donde nació en San Millán el castellano y el vascuence escrito, cuando eran territorios navarros. Sin embargo su aplicación ha traído división y enfrentamiento en los últimos años.

El vascuence ha pasado por períodos claro-oscuros, no obstante la Academia de la Lengua Vasca o Euskaltzaindia, con 90 años a su espalda, está cumpliendo dos objetivos: estudiar su origen y proteger y fomentar su expansión a través, sobre todo, de las ikastolas. La primera se abrió en el inicio de la I Guerra Mundial con Sabino Arana, pero a partir de 1937 con la obligación de implantar el pensamiento único, pasaron a instalar escuelas en casas particulares. Fue en la década de los sesenta cuando proliferaron, bajo la protección de la Iglesia católica, de modo encubierto.

Se conoce con el nombre de Ikastola a los centros educativos instalados en Vascongadas, Navarra y País Vasco Francés que utilizaban como lengua vehicular el euskera. En 1980, se formalizó el convenio para darles carácter oficial.

En Navarra, hace 52 años surgió la primera ikastola en la calle Pozoblanco de Pamplona: Uxue comenzó con 12 alumnos. Hoy la Federación está compuesta por 600 profesores que imparten clase a 6 mil alumnos en 15 centros y uno de los primeros impulsores fue Arturo Campion.

Todos aceptamos el vascuence como parte importante de nuestra cultura, pero no podemos permitir que el Gobierno de Barkos obligue a nuestros alumnos a recibir su inmersión sea de Tudela, Sangüesa, Abaurrea o Viana. Se ha llegado a tal obsesión que algunas ikastolas en vez de educar se han convertido en una fábrica de adoctrinamiento donde el objetivo final es “producir” jóvenes abertzales separatistas, con ideas sesgadas, con una Historia de Navarra manipulada, falseada y llena de mentiras.

Esta fábrica de cachorros dirigidos está produciendo un ambiente hostil hacia lo español, hacia la bandera navarra y hacia todos los que no piensen como ellos. A los alumnos se les inculca que Euskal Herria es una nación, donde en un futuro próximo todos hablarán vascuence, se convertirán en independientes con menos impuestos, más calidad de vida y con un trabajo fijo.

Las ikastolas, como los centros de Modelo D (las materias se dan en euskera) deben garantizar la neutralidad ideológica, donde los profesores y los libros de texto tienen que ser objetivos, dejando a los padres la responsabilidad de imbuirles o no en los temas políticos. ¿Dónde están los inspectores y la consejera Solana? ¿Por qué no se hace un estudio exhaustivo de los textos y se retiran los que afirman y dibujan barbaridades históricas sobre Navarra?

Ya lo decía el poeta irlandés Butler Yeats que “la educación no es llenar un cubo de información, sino encender un fuego de renovación en el alumno”; sin olvidar tampoco al psiquiatra americano Karl Menninger: “Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad en el futuro” y también al presidente Lincoln: “Las ideas inculcadas a los jóvenes en esta generación, será el programa del gobierno en la siguiente”.

Esta misma realidad la estamos viviendo en Cataluña, donde llevan cuarenta años adoctrinando en los colegios tanto públicos como concertados, a través de la obligación de impartir las clases en su idioma, con historias irreales, como el Reino Catalano-aragonés, y haciendo partícipes a los niños en huelgas, manifestaciones y odio a la “España que les roba”.

Volviendo a Navarra, estos días nos hemos desayunado que según el estudio publicado por Klusterra Soziolinguistika, presentado en la Universidad Pública del País Vasco, sólo el 6,7% del conjunto de los navarros utiliza el vascuence de modo cotidiano y, concretamente, en Pamplona el uso es del 2,9%. No es una broma, sino que la citada sociedad está financiada por el Instituto Navarro del Euskera-Euskarabiedea, lo que da todavía más objetividad al estudio.

Sin embargo, este tetrapartito nos había vendido un porcentaje el doble, es decir, de más del 12% de personas que lo hablan diariamente. Después de haberse gastado miles y miles de euros en propagar el uso del vascuence el gobierno de Barkos, nos encontramos con este porcentaje bajísimo de personas que lo hablan. No se dan cuenta que la imposición no es una buena consejera para que los ciudadanos accedan a sus pretensiones. La lengua vasca es un elemento más de nuestra cultura y por ello hay que dejar libertad, es más, se debe facilitar su uso a las personas que lo deseen, pero nunca imponer.

Su obsesión por implantar y obligar a estudiar el vascuence en los colegios es tal que han arrinconado el uso de otras lenguas, como el francés, inglés o alemán, para que los niños no desviaran sus intereses.

El Gobierno de Barkos tiene tres objetivos: implantar la ikurriña en todos los ayuntamientos, extender a fuerza de decretos el aprendizaje del vascuence en niños y adultos, y acercar Navarra al País Vasco para formar en un futuro la utópica Euskal Herria. Están condenados a fracasar, pero siguen erre que erre con su obcecación.

En nuestras manos está el alejarlos del gobierno con nuestro voto en las próximas elecciones.

 

Luis Landa El Busto

Licenciado en Ciencias Humanas y profesor

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