El Navarrómetro

Fascinado el otro día con el navarrómetro. Hay que ver cómo lo clavan. Si no fuese por cosillas como el Brexit, la elección de Donald Trump, o el tan reciente espaldarazo catalán, lo mismo comenzaba a tomarme en serio los sondeos que la prensa publica con tanta objetividad. Mientras tanto seguiré haciendo caso al “pueblómetro” y otorgaré más credibilidad a lo que la gente de Navarra me demuestra a diario.

Al hablar de política todo el mundo recurre inmediatamente a las siglas, olvidando que esas siglas se componen de una cara visible, más o menos habitual en los medios, que es sustentada por cientos – o miles- de ciudadanos anónimos que hacen posible que esté donde está. Son estos ciudadanos los que un día tras otro marcan la pauta, y ya va siendo hora de que los grandes ilustres, los que se creen nacidos para gobernar, vayan tomando conciencia de ello. De hacerlo, este tipo de sondeos serían bastante más fiables de lo que lo son en la actualidad, y nuestra sociedad ganaría en su conjunto.

Por un lado tenemos al actual Gobierno, del que sus afines (no hablo de quien en caliente les votó como castigo al resto, sino de los que realmente creían en sus siglas como panacea de todos los males) parecen molestos pues aseguran que sus siglas andan como “puta por rastrojo”, intentando amortizar lo que ya toman por sus últimos días al frente de la comunidad, e intentan rascar todo lo posible antes de soltar las riendas. Además, reconocen que poco se ha cumplido de lo prometido en campaña, y, si algo tienen en común todos ellos, es el arrojar pestes mayúsculas sobre la reforma fiscal. Es lo que tiene el sablear a destajo, que si bien ideológicamente a cualquiera se le puede marear más o menos al gusto del partido…los temas del bolsillo son ya otro cantar. Y aquí no es que les hayan tocado el bolsillo, sino que se lo han manoseado, sopesado, y finalmente, vaciado. Por muy correligionarios que sean de “La Líder”, los 1000 lereles de media que les ha sableado en la última declaración, van a marcar un claro antes y después. Ideológico, claro está. Que no sólo de icurriñas y euskera vive el hombre.

Después está la sigla líder de la oposición, que embebida en un falso triunfalismo con el que ya vende su futura victoria desde hace días, se olvida de que el navarro medio, más menos tiende a votar lo que se le pasa por el criterio, le guste o no a sus futurólogos. Sigla que vuelve a los viejos hábitos de remover a unas bases a las que abandonó hace décadas, apelando a que es por el bien común, etc, etc, y que sólo servirá (si sirve) para volver a encumbrar a los que se dejaron quitar el gobierno de las manos. Su autoengaño comienza con la famosa coletilla de “somos el partido que ganó las elecciones”, en unas elecciones donde perdieron el gobierno por dejadez y desengaño de su electorado. Hay que reconocer que es la sigla que más se acuerda de los ciudadanos, pero sólo antes de las elecciones. Después ya…

Las gentes que pululan estas siglas, últimamente parecen dedicadas en exclusiva a decidir quién es el mejor candidato, si Esparza o Maya, dejando claro que la pose oficial únicamente es eso, una pose, y haciendo que el tiempo juegue en su contra. En el suyo y en el de toda Navarra, pues si bien no son unas siglas que me entusiasmen especialmente, hay que reconocerlas como el mal menor para Navarra. Y me jode. Me jode porque al igual que me ocurre a mí, le ocurre a muchos navarros, y desde UPN lo saben. Vuelve el mantra del voto útil, con el que hasta ahora lo único que se ha logrado ha sido encumbrar a auténticos inútiles. Y es que no lo ponen nada fácil, ya que te obligan a decidir entre votar a quien no va a saber representarte, o directamente no votar. El día que éstas siglas decidan hacer un pelín de autocrítica, cuánto ganará Navarra entera. No olvide UPN que para ganar, lo primero que debe de hacer es estar Unido, y lo segundo y principal, el volver a representar al Pueblo Navarro. Que dentro de este, la gente que va de corbata y gemelos es realmente poca….y no da para ganar un gobierno en las urnas.

Ahora tenemos a un floreciente PP, que sustenta su futuro en el carisma de su nueva cara visible. Pese a ser persona que no me cae mal, tiene la desgracia de representar a un partido que en Navarra, ni está ni se le espera, y que por desgracia pese a la honradez de sus elementos forales, vive lastrado por el inmenso cúmulo de heces que son sus siglas a nivel de corrupción política en el resto del país. Sus correligionarios esperan ver en Navarra un “Efecto Arrimadas” que haga que sus siglas vuelvan a tener peso en nuestra tierra. Esperanza tan firme en sus propósitos como alejada de la realidad según lo veo. En realidad soy de los que piensa que mientras perdure el cisma PP-UPN, la gran perdedora será siempre Navarra.

Del resto de siglas, pues ya se sabe lo que hay. En Podemos ahí andan con su “purga”, que sumando el que los descontentos han visto que con su voto a esas siglas lo único que han modificado ha sido el estatus económico de sus representantes, vaticina una bajada de votos más que notable. Bajada que imagino sabrá rentabilizar I-E, que tras su maniobra de alejamiento preventivo y su negativa a la lista única, ha optado por sacar los flotadores en un barco que hace aguas hasta por el mástil. Y de manera muy legítima, añado, ya que su postura ha beneficiado directamente a Navarra, y a nadie se le puede recriminar el deseo de seguir existiendo.

Así que como ves, según lo que se desprende del análisis concienzudo de mi “pueblómetro”, en esta Navarra tan nuestra a día de hoy no hay más de seguro que lo que había en las pasadas elecciones, pudiendo afirmar únicamente una cosa con rotundidad:

En las próximas elecciones, los navarros votarán nuevamente lo que se les pase por el criterio.

Que nadie lo dude.

 

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

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