El cura de Lumbier

Haciendo aprecio a los altos grados de la masonería, que no ha mucho me tildaron de clericalista (de los pocos “títulos” que me quedaban por ostentar) hoy mi artículo lo dedicaré exclusivamente a otro cura. Al de Lumbier. Con el nombre de Javier, vio su primera luz en el barrio pamplonés de Echavacoiz, en el seno de una familia de las pamplonesas de toda la vida. Descubriendo su vocación a temprana edad, no dudó en embarcarse hacia tierras venezolanas, para dar así cumplimiento a su llamada al servicio. Tras más de tres décadas de duro trabajo por el desfavorecido, donde construyó con sus propias manos multitud de viviendas para los cientos de familias que vivían en la precariedad de una Venezuela capitalista, dejó tras de si una fundación católica para que su ejemplo no decayese ante su vuelta a España.

Llegado a nuestra tierra, fue Lumbier la parroquia que le encomendaron, dedicándose a ella pese a su mermada salud. Una persona D.Javier, que no pidió más que poder disfrutar en calma de sus padres ya ancianos, todo el tiempo que le restase. Una petición más que legítima a ojos de cualquiera.

Ya éste verano me sorprendió una llamada suya, en fiestas de la localidad, poniéndome al corriente de que “alguien” el había introducido por el buzón de la puerta, en la casa parroquial donde reside, un artefacto pirotécnico “de los gordos”, del que aun dan testimonio las quemaduras en paredes y techo, llenando toda la casa de un humo asfixiante y del asqueroso hedor que despiden éste tipo de artefactos. Por suerte no tuvo dónde agarrar el fuego, y todo quedó en una molesta anécdota. “Cosa de críos” aseguraban por entonces en Lumbier.

Éste 25 de diciembre, Navidad, volvió a llamarme para ver cómo podíamos sujetar la propia puerta, ya que “alguien” se había liado a patadas contra ella, dejándola maltrecha tanto a ella como al marco que la soporta. “Gente de fuera” aseguraban en Lumbier. Por suerte la rápida intervención de los parroquianos, que la parchearon, clavaron y reasentaron, evitó que la casa quedase sin puerta. Hoy, al punto de la mañana, ha vuelto a llamarme indicándome que la puerta ha pasado a mejor vida, ya que a lo largo de la noche más vieja, volvieron a darle un repaso, destrozando esta vez tanto la nueva cerradura como el marco y los refuerzos de Navidad.

¿Será esta vez cosa de críos de fuera que pasaron una noche loca en Lumbier?

Nuevamente los parroquianos han hecho lo que han podido, que no ha sido más que sujetarla por en interior con sogas y alambres para que no pueda abrirse sola.

¿Hasta cuándo? ¿A qué hay que esperar? ¿A leer en el noticias una nota que diga que el párroco de Lumbier amaneció abrasado en su cama, porque seguro que era fumador y él solico se lo buscó?

Mientras en Venezuela no pasa un día sin que alguien le envíe abrazos y buenos deseos, aquí, en la tierra que lo vio nacer, no pasa un día sin que algún hijo de puta demuestre que lo es, y siempre, contra el más indefenso. Y la culpa es del que la hace sí, pero también del que lo oculta, justifica o ampara. Que de esos el montón ya es más grande.

También he recibido noticias de su fundación venezolana. Una fundación que bajo el nombre de Programa de Atención Nutricional “CINCO PANES Y DOS PECES” y que en origen velaba por la necesidad de los niños de su parroquia, en la actualidad ha aumentado su función dada la necesidad del país, dando paso a iniciativas como “La olla solidaria” donde se cuentan por miles, niños

y adultos, los que ven saciada su hambre gracias a ésta iniciativa, en una Venezuela donde el agua de boca se vende a precio de oro. Por otro lado, siete grupos de cuatro profesionales cada uno, atiende las necesidades sanitarias de los asistidos por este proyecto, ampliándose su plantilla de manera continua.

Un amplio legado deja tras de sí éste párroco de Lumbier, que lo último que reclama es reconocimiento alguno para sí mismo. Sólo pide tranquilidad, y creo que no le está yendo muy bien la cosa.

Posiblemente en un futuro no muy lejano, en tierras de Venezuela pretendan darle su nombre a una calle, ó a una plaza. Desde aquí, desde la España del siglo XXI, que no podamos enviarles más que sus cenizas para celebrarlo.

D. Javier Serna

 

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

 

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