Depredador sexual

Con ese titular nos hemos despertado esta mañana en Sangüesa. Causa pavor. Por la posibilidad de que sea real, y, sobre todo, por la nula presencia de la antigua Presunción de Inocencia. Así es. A día de hoy, ya hay cientos de sangüesinos intentando saber quién ha sido el detenido para darle “lo suyo”, o quien con más templanza exige saber su nombre, apellidos e incluso fotografía para hacerlo público y animar al pueblo a que haga carnaza con él, hasta que decida irse de la localidad.

Y mira, que a esto último no le veo yo mucho reparo, a excepción de la pega que pongo siempre: que se demuestre su culpabilidad. Es sabido que violadores y pederastas no se reinsertan, curan, recuperan, o como quieras llamar al que dejen de hacer el tipo de actos que los convierte en auténticos hijos de puta. Sabiéndolo, qué menos que pedir un registro público de violadores y pederastas (petición añeja ya) para que el resto de la sociedad tenga una herramienta con la que proteger a los más débiles. A quien más necesita de la protección de su comunidad.

Eso sí, vuelvo a matizar, y lo matizaré todas las veces que haga falta…cuando se demuestre su culpabilidad. Soy partidario de la contundencia tanto legal como real a la hora de castigar actos similares, y tengo en mi historial pleitos cuasi eternos, que, pese al intento de silenciarme a base de talonario, dada la notable condición del por entonces presunto pederasta, no tuve reparo en rechazar tajadas y seguir adelante, ganando todos los juicios hasta agotar la vía penal.

El que la haga, que la pague, que para eso tenemos leyes, jueces y sentencias.

Pero no. Es esta sociedad de miserables que se está convirtiendo la nuestra, donde los “exaltadores” populares han demostrado saber ganarse muy bien la vida a costa de la movilización populista, siguen intentando que el pataleo callejero sustituya al sistema legal, judicial y penal. Que las sentencias las dicte la masa debidamente “orientada” por sus gurús, a ver si pueden sacar un mínimo rédito de ello. Da igual que se condene a un inocente.

Deja de ser populista el reconocer que hay casos en los que la denuncia puede deberse a un problema psicológico del denunciante. Pueden deberse a un déficit de atención, a un despecho sentimental, o a tantas y tantas cosas que hacen que se archiven denuncias similares a diario.

Puede llegar a ser aun más dramático, si en uno de los casos anteriores, se incluye la figura de un tutor, que ve una excelente oportunidad de rentabilizar económicamente esa denuncia tan poco acertada. Digo dramático, porque realmente lo es. En casi todos los hogares de España hay una figura masculina. Bien sea padre, hermano, marido, hijo o compañero. Y cada uno de ellos puede ser víctima de uno de estos casos. A la vista está.

Desde cuándo una falsa denuncia es capaz de arruinar la vida de una familia entera?

Creo que es una pregunta que todos estamos obligados a meditar y extraer conclusiones reales, para vidas reales. La verdad que titulares como los publicados hoy debieran de ser ilegales y punibles de oficio por su repercusión directa en un caso del que aun no se sabe nada. Al igual que no me tiembla el pulso volviendo a exigir un registro público de delincuentes sexuales, tampoco me tiembla para exigir que en los casos donde sea demostrada la inocencia del acusado, al acusador se le imponga la misma pena que recaería sobre él de haber sido culpable.

Creo que seria socialmente sano, y comenzaría a poner punto y final a estas malas praxis que suelen tener como único objetivo bien la venganza, o el lucro final.

Sigo siendo partidario de que las sentencias las dicten los jueces, después de haber analizado todos los testimonios, todas las pruebas, y tras consultar a todos los peritos que se les haga menester. Posiblemente así, la sentencia pueda estar revestida de verdadera justicia, más allá de venidas arriba del personal apoyados en la barra de un bar, ó reunidos en su círculo.

Me despediré diciendo que siempre he sido partidario de sacar algo bueno de toda situación, pero en este caso en concreto debo reconocer que no encuentro nada. Lo abominable en este tipo de casos es que siembra la duda en el corazón de la buena gente, con el “y si es verdad?”, arruinando con ello para siempre la vida de gente honrada en el caso de ser inocente.

Nauseabundo ya, es que este tipo de casos relatados puedan servir a los verdaderos violadores y pederastas, que amparándose en ellos pretendan escudarse como víctimas de un sistema imperfecto.

Yo por mi parte seguiré siempre apoyando a todas las víctimas.

Incluso a las que son víctimas de falsa denuncia.

 

Rogelio Taboada

Cantero artesanal, escritor e historiógrafo sangüesino

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